Cuenta la chica que ya no sentía lo mismo y por eso la relación tenía que terminar. Ya no sentía lo mismo que antes, todo había cambiado, nada era igual, ella esperaba que todo fuera como el primer día, pero aquellos buenos momentos de alegría y complicidad se desvanecían como las hojas del otoño y no volvieron nunca más. Cuenta que ya no tenía las mismas sensaciones, que por su estómago no revoloteaban las mariposas. Ni siquiera otro tipo de animal volador que le hiciera sentir lo mismo. Ya no sentía… ya no sentía…

Sabemos que ese amor inicial, esas sensaciones tienen fecha de caducidad, no duran para siempre y que cuando termina el amor pasa a otro nivel, entra en otro estadio diferente. No podemos sentir siempre lo mismo. Pero con la idea que nos quedamos es que existimos porque sentimos. Descartes dijo otra cosa bien distinta y, por supuesto, no le voy a contradecir, pero sin duda, hoy sería más apropiado pensar que existimos por sentimos y dejar de sentir es sinónimo de que nuestra vida no tiene sentido y la existencia ha terminado.
¿Imaginas dejar de sentir frío o calor? ¿Imaginas no sentir nada por nadie, que nada te provoca alguna sensación? ¿Imaginas que todo fuera plano que no tuvieses ninguna emoción ni sentimiento por nada? Sería, sin duda, catastrófico. Una persona que no siente nada, podríamos decir que estaría como en estado vegetativo, que no tiene capacidad ni consciencia de nada.
Por eso la propuesta de hoy es una invitación al sentimiento, a sentir para existir, a sentir para vivir y sentir de verdad cualquier cosa que hagamos. Que no se nos pase la vida sin sentir nada, que no se nos pase un día sin emocionarnos, enfadarnos o alegrarnos por algo, porque eso es sinónimo de que estamos vivos/as. Que nuestra vida esté llena de sensaciones. No tienen que ser necesariamente extraordinarias o espectaculares. Se trata más bien de sentir en lo cotidiano, en cada cosa que nos ocupa, en cada cosa que hacemos. Disfrutémosla, vivámosla con pasión y sintiendo todo aquello que nos provoca, para bien o para mal.
Vamos a sentir para existir, para que nuestra vida no pierda su colorido y alegría, para que no terminemos el día creyendo que ha pasado una jornada en balde y que hemos perdido todas las oportunidades que teníamos. Vamos a sentir para no dejar de existir.
Deja una respuesta