Nuestra vida se rige por valores. Nos gusten o no, siempre estamos eligiendo, como ya se ha dicho, incluso cuando no elegimos, estamos escogiendo. El planteamiento de hoy es que los valores, nuestros valores, aquellos que todos tenemos, no pueden o no deben ser metas, deben ser procesos. Dicho de otra forma: mi valor no puede o no debe ser tener un coche, una casa o salir con una persona o tener un determinado físico. Los valores debieran ser evolución, desarrollo y no simplemente algo a conseguir.

Una primera idea puede ser determinar cuáles son tus valores. ¿Qué te mueve? ¿Cuáles son tus objetivos? Generalmente estos valores no están escritos en ningún lugar. Sin embargo, todos/as tenemos esos valores. Hay cosas a las que les damos más importancia. Aunque no los tengamos a modo de decálogo en ningún lugar visible, siempre que hemos de tomar una decisión elegimos una cosa sobre otra. Siempre vas a preferir ahorrar o irte de viaje, tener una casa propia o vivir de alquiler, considerar que la familia es lo más importante o tu independencia es mejor.
Otra clave es que si tenemos valores materiales, alcanzables, como las metas, es probable que en algún momento de nuestra vida llegue la frustración. Por ejemplo, si mi valor es la belleza física, con esfuerzo y algún retoque, puede que la consigas. ¿Y luego qué? Si mi valor es tratar de ahorrar para tener una casa propia, ¿cuándo la consiga qué hago? Es por lo que los valores debieran ser caminos, senderos, progreso, mejora, porque siempre vamos a poder seguir desarrollándolos, las metas, en algún momento se cruzan, se terminan y ya.
¿Entonces qué valores puedo elegir? Aquellos que no se terminen, aquellos que siempre tengan un margen de mejora, aquellos que no sean materiales. Amar, por ejemplo, es un valor que no concluye, que siempre podremos entregar más o mejor, practicar alguna actividad artística o creativa, siempre podrá incrementarse o mejorarse. Por ejemplo, el deporte, siempre podré seguir practicando y tratar de crecer, aunque pasen los años.
Un modo práctico de transformar una meta en un valor podría ser escribir o pintar. Si mi plan es escribir un libro, mal. Puesto que una vez que lo escriba ya habrá terminado todo, sin embargo, si mi valor es escribir un poco cada día, siempre podré seguir creciendo y mejorando. Si mi objetivo es pintar diez cuadros o cien al año, probablemente lo consiga, pero si mi valor es sencillamente disfrutar de pintar, pues súper, tienes un valor para toda la vida.
Con todo, la idea es disfrutar del camino, del paseo y no pensar en llegar a lo alto de la montaña o completar el recorrido. Nuestros valores deben ser aquellos que podemos ir mejorando cada día y hacernos crecer como personas, no simplemente como un objetivo o una meta a alcanzar.
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