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  • No hay desgracia mayor que no saber contentarse

    Lo vi como titular de un proverbio para la felicidad.  Así que, pensándolo bien, creo que tiene bastante de razón.  Me asalta una nube de palabras, algunas de ellas contradictorias, al pensar en esto: resignación, anhelo, deseo, más, conformarse… Puesto que parece que el contentarse o conformarse podrían ser sinónimos. En cambio, el deseo, anhelo, querer más, son antónimos de esta afirmación.  Pero lo que sí creo que está claro es que el no saber contentarse, el andar siempre buscando más, nuevas experiencias, tener lo último, nos conduce únicamente a una carrera sin fin.  Por otro lado, contentarse lo valoro como buscar tu propia felicidad y alegría, que debiera ser un trabajo de cada cual. 

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    Ya hemos hablado en innumerables ocasiones que la verdadera felicidad, bienestar o como quieras llamarlo, está en ti.  Si buscas en otros lugares, personas, situaciones o vivencias tu dicha, vas por mal camino.  Es por tanto que el bienestar es un trabajo personal que hemos de buscar cada cual con sus valores y anhelos, no en tener cosas, vivir situaciones de otros o tratar de parecernos a quienes idolatramos a través de las ventanas de las pantallas.  

    Partiendo de que la felicidad es interior y personal, el primer trabajo es saber qué nos contenta, qué nos alegra.  Es bueno tener esa lista de valores clara. No hace falta tenerla por escrito, pero si reconocemos que el deporte nos hace sentir bien, hemos de practicarlo. Si sabemos que estar en un espacio natural nos beneficia, practicar algún hobby o leer nos agrada, tendríamos que dedicar cada día un rato a eso que nos complace.  

    Como se ve, no he mencionado que busquemos nuestro bienestar en el fin de semana, en tener el último móvil o muchos likes, cosas que no están bajo nuestro control y que son efímeras. Así que debemos poner atención en practicar aquellas cosas que nos resultan agradables y que están en nuestra mano.  Por mucho que mi bienestar o felicidad lo ponga en pasar unas vacaciones en un resort de lujo en una isla paradisíaca, es algo que no me puedo permitir y por tanto me va a generar malestar.  

    Es eso lo que entiendo por saber contentarse. No se trata de conformismo, sino de ser felices y estar bien con lo que tenemos aquí y ahora.  Se trata de valorar el momento presente y entender que tenemos ahora mismo una situación determinada y, con ella, debemos tratar de ser lo más felices posible.  Si no sabes hacer eso, seguramente te costará encontrar la felicidad.  Es entonces cuando no hay más desgracia que no saber contentarse.  Especialmente, porque nada nos resultará grato, nada nos dará felicidad. Nada nos resultará interesante, sino que estaremos siempre corriendo como en una rueda de hamster que nunca termina. 

    Tu bienestar, tu felicidad tiene que ser aquí y ahora con las herramientas que tienes, contentándote. Esa es la clave. Pretender encontrar la felicidad fuera de ti es un error tremendo que nos lleva únicamente al otro extremo, la infelicidad. 

  • Las emociones negativas tienen algo positivo

    No puede ser. No tiene sentido. Es contradictorio, antagónico, es un disparate. Seguramente pensaremos así.  Seguramente, de primeras nos vendrá a la cabeza que las emociones negativas no pueden tener nada bueno, que siempre nos avisan de cosas que no nos gustan, por tanto no es posible. Pero y si dijéramos que, a partir de las emociones negativas aprendemos, tenemos avisos, nuestro cuerpo nos cuenta cosas, nos pide estar atentos a alguna situación.  Es por eso que esas sensaciones nos están diciendo cosas. 

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    No hay consenso sobre la cantidad de emociones básicas. Hay quien habla de cinco y otros apuestan por algunas más, pero no vamos a entrar en ese debate, la idea es pensar en algunas de esas emociones negativas y ver qué nos pueden decir.

    Miedo Es aquel que surge ante un peligro real o imaginario. Ya hemos compartido alguna idea sobre el miedo. No hay que subestimarlo, pero tampoco podemos dejar que nos paralice.  El buen miedo es aquel que nos protege cuando estamos en lo alto de un precipicio y nos pide que pongamos toda nuestra atención en cuidar nuestra vida o cuando hacemos cualquier otra actividad temeraria y que nos avisa del peligro que corremos. En el lado opuesto tenemos el miedo imaginario. Nuestra mente no distingue entre lo real y lo imaginario y activa muchas de las mismas funciones y estrés. Por eso si imaginamos demasiado situaciones miedosas no hacemos nada. Miedo a ir algún lugar porque no conocemos a nadie, miedo a hablar en público, miedo a conducir en determinadas situaciones. Son miedos que, a la larga nos perjudican. Por tanto la parte más negativa del miedo que puede ser positiva es cuando nos avisa de cualquier imprudencia u osadía que nos puede costar caro. 

    Ira: ¿Podemos decir algo bueno de la ira? Es aquella que se desata al percibir un trato injusto o un obstáculo. Pasarnos el día iracundos/as por cualquier cosa sería la parte más inútil, porque luego ante cualquier acontecimiento nos disparamos y, si no la controlamos, acabaremos enfadados hasta con el sol que alumbra o con el asfalto de la carretera. Todo nos molestará y por tanto hemos de saber canalizar la ira, aprendiendo a respirar y valorar antes de estallar como un cohete.  Lo bueno de la ira, podría ser que sirva como detonador para movernos a la acción. Especialmente en situaciones injustas, puede activarse, siempre que no sea de manera violenta, para movernos a reclamar una mejora o revertir una situación.  

    Asco. Es probable que no le encontremos nada bueno al asco.  Se trata de rechazo ante algo que resulta nocivo o sucio. Diremos que el asco es asco. Y ya. No hay más. ¿Qué es lo bueno del asco? Por ejemplo, ante un alimento. Si nos produce rechazo o asco, es porque no debemos comerlo. Nos avisa de algo en mal estado. Ciertamente, si vemos un producto podrido en el refrigerador o nos llega el olor de carne o pescado en mal estado, salimos corriendo. Luego el lado positivo del asco es protegernos ante una posible intoxicación.  

    La tristeza es aquella que aparece ante una pérdida o un daño que sufrimos. ¿Qué cosa buena podemos encontrar en la tristeza? Seguramente nada. O tal vez nos indica que algo en nuestro interior no va bien y deberíamos pedir ayuda. Es normal sentirse triste ante una pérdida o sufrimiento. Pero si se prolonga en el tiempo es cuando deberíamos buscar algún tipo de ayuda o solución. No es normal estar siempre triste. Sin embargo, pasar por periodos de tristeza no es nada extraño. No siempre se puede estar en la cresta de la ola. Hay momentos mejores y peores. Existen las mareas altas y bajas, vemos lunas crecientes y menguantes.  

    Con todo, la idea es pensar que no debemos rechazar las emociones negativas, sino ante ellas formular la pregunta ¿Qué me está queriendo decir esta emoción? ¿Qué puedo aprender de ella? y a partir de entonces tomar las decisiones adecuadas. Lo importante es no actuar de manera instintiva. No saltar como un resorte ante cualquier cosa que nos pase, sino mirar, dialogar, ver y actuar en consecuencia. 

  • El momento perfecto

    Ese instante en el que parece que hay magia alrededor o ese momento en el que todo sale según lo previsto.  Llegar a la meta tras un gran esfuerzo en el que consigues aquello por lo que tanto te has sacrificado. Estar en un lugar con la temperatura ideal, sopla una suave brisa de verano, con tu bebida favorita en la mano, tus seres queridos alrededor disfrutando de un plácido descanso o también terminar una jornada de trabajo apacible en la que todo salió bien, todo el mundo sonreía, al volver a casa estaban todos los semáforos en verde, dejaste el coche en tu aparcamiento favorito y al llegar a casa tu familia te espera con los brazos abiertos con tu comida preferida sobre la mesa en un ambiente de felicidad. ¿Genial, no?

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    Pues no. Esos momentos raramente se dan. Ese “happy wonderful powerful” que vemos en pelis, series y redes sociales es mentira. No digo que no haya momentos buenos o muy buenos en nuestra vida. Tampoco es verdad que nuestra existencia sea una calamidad y todo tenga que ser malo o negativo para valorar los buenos momentos. Simplemente, lo que propongo es que ese momento perfecto que idealizamos no existe. Ese momento perfecto es ahora. 

    La cosa es que nos pasamos la vida esperando ese momento perfecto. Ese fin de semana especial en el que nos reuniremos con la pandilla de súper “amigis” que llevamos juntos desde la infancia y que siempre nos hemos llevado bien y conservamos esa amistad 80 años después. También esperamos la reunión familiar o el encuentro de verano en el que toda la familia sonríe como en los anuncios de dentífrico, los niños juegan amigablemente, los cuñaos son maravillosos, los abuelos adorables y la comida espectacular.   Pero no, no es así y entonces nos frustramos y nos preguntamos ¿Por qué a mí? ¿Por qué a todo el mundo le va bien y a mí no? ¿Por qué todo lo que veo es maravilloso y lo mío un desastre?

    Vuelvo a insistir. No existen esos momentos. Todos y cada uno de los momentos que vivimos son perfectos. Son como son.  Pero hay quien sigue empeñándose en esperar ese momento perfecto que nunca llega, porque sólo es un espejismo que nos han mostrado en el mundo audiovisual.  Hay quien desea que la vida sea como en las películas o como nos lo muestran las redes sociales. Tremendo error. 

    Lo peor es que posponemos nuestra vida esperando ese momento perfecto que nunca llega. Dejamos nuestra felicidad en manos de esos momentos perfectos, del día maravilloso de playa, del día increíble en familia, las vacaciones de ensueño, que nunca aparecen, que nunca se dan, porque siempre vamos a ver a alguien en alguna red social mostrando unas vacaciones o una vida mejor que la nuestra. 

    Pero, como esto es un espacio de positividad, vamos con algunas claves para buscar momentos perfectos. La primera ya la avancé: el momento perfecto es ahora. Este que vives en este instante. No hay otro porque es el único que tienes. Ya puedes estar en tu piscina de 50 metros en tu mansión, como si estuvieras en una de un metro cuadrado de oferta en el supermercado. Este es tu momento perfecto, es el único que tienes. Segunda: No te compares. Es difícil, lo sé. No podemos ir con los ojos cerrados y vemos que el vecino tiene un coche mejor que el tuyo —aparentemente—, una familia mejor y visten mejor que tú. En las redes sociales lo mismo, nadie sube sus desgracias —bueno, algunos sí—, pero en general ponemos fotografías maravillosas. Lo que no muestran no es la realidad, es aquello maquillado para mostrar un fragmento que no es su vida habitual. 

    Con todo, para no alargarme mucho más. La vida es ahora. Tu momento perfecto es ahora, no dejes de disfrutarlo esperando el gran acontecimiento, el gran momento maravilloso que nunca llega. 

  • No importa dónde vayas, ya estás ahí 

    Casi siempre nos trazamos metas y hacemos planes. Es absolutamente normal plantear lo que vamos a hacer: una salida, lo que haremos mañana, quedar con alguien, son cosas que necesitan cierta planificación y por eso, las preparamos. Sin embargo, esa previsión no siempre es buena. La razón es sencilla porque de tanto planificar, preparar, ver, valorar, nos olvidamos de dónde estamos.  Es por eso que no importa el lugar al que vayas, sea donde sea, hay que disfrutar del camino.  

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    ¿Qué más da el objetivo si no has sido o no eres feliz? Me cuesta bastante, por ejemplo, comprender el sufrimiento de un deportista (no hablo de profesionales o deportistas de élite) que va corriendo por la calle, con una cara de sufrimiento que no puede con ella.  No compiten, no ganarán nada, pero se les nota mala cara, como sufriendo. A lo mejor el objetivo es bajar esos kilos de más o completar un número de kilómetros, pero ¿tiene sentido pasarlo mal de esa manera? A eso me refiero cuando afirmo: no importa dónde vayas, estás aquí. Este es el único momento posible y si lo estoy pasando mal, ¿qué sentido tiene? ¿Para qué hago deporte si lo estoy pasando mal? ¡Disfruta de lo que haces, sé feliz!

    Si escribir estas líneas no fuera agradable, si no disfrutara con lo que hago, si fuera una obligación, seguramente no lo haría. Practico deporte habitualmente y, si fuera una carga, desde luego que no saldría a ejercitarme cada mañana. Estoy bastante de acuerdo con la frase «La vida es aquello que pasa mientras hacemos otras cosas» de John Lennon. Hoy, además, tiene mucha más vigencia con el despiste al que estamos sometidos con tantos estímulos y con mucha falta de concentración.  

    Es fácil decir vive el momento, disfruta del presente, no importa dónde vayas, ya estás aquí… pero es muy difícil llevarlo a cabo. Es tan difícil, como cualquier otra actividad que queramos hacer: aprender a cocinar, tocar un instrumento, cantar, ponerse en forma o hacer ejercicio, porque requiere práctica.  Hay dos claves para regresar al momento presente, para vivir aquí y ahora. La primera: el deseo, es decir, quererlo. A partir de aquí debería aparecer la disciplina para buscar momentos en el día para actividades que nos hagan estar presentes, estar aquí. Y esta es la segunda clave: Desarrolla actividades que te obliguen a estar sólo en eso. Piensa en alguna y llévala a cabo: leer, por ejemplo, algún hobby como hacer puzzles, tocar un instrumento, escribir un diario. Pon esos ingredientes a lo largo del día. Busca momentos como estos para estar aquí y no ir a ninguna parte. Con el tiempo este pequeño hábito formará parte de tu vida y ya no importará dónde estés, porque estás aquí, disfrutando plenamente de la vida. 

  • Cuatro patas de la felicidad

    No son pocos los que proponen cosas para ser felices.  Está claro que cada persona es un universo y, por tanto, le funcionan cosas distintas.  También es cierto que, cuando leemos alguna de esas listas, estamos más o menos de acuerdo con ellas. Por eso, cuando leo algunas de las tantas que se publican, me apunto algunas con las que estoy más o menos de acuerdo.  Esta nos plantea cuatro cosas, a modo de cuatro patas de una mesa, que nos ayudan a tener mayor bienestar.  Seguramente el titular: “famoso psicólogo de la universidad de no sé dónde dice que los cuatro ingredientes de la felicidad son”…

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  • Haz algo

    ¡Es que no encuentro trabajo! ¡Es que no me sale nada! Es que… y así podemos hacer un millón de frases «casi negativas» sobre situaciones a las que nos enfrentamos.  Parece como si ocurriera al contrario de lo que dicen algunos «que el universo se confabula para que todo salga al revés», cosa totalmente disparatada, tanto en afirmativo como en negativo. Hay quien afirma que «la suerte se alía con quien la busca» yo prefiero decir «haz algo» por no decir algo más brusco como «mueve tu culo e inténtalo». 

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    Algunas veces esas situaciones que no nos gustan se generan porque nos quedamos en casa esperando que alguien nos llame para un trabajo mejor. Otras veces nos sentamos bien repantingados a tomarnos un refresco, mientras nos llega la súper oportunidad de nuestra vida. También hay quien ve muchos partidos de deporte, esperando ser como Messi. Pero las cosas no suceden así: Si quieres algo, haz algo. Es como la ley de causa y efecto. Si buscas un efecto, tendrá que haber una causa, un inicio o un comienzo. Sentado, quieto/a, no va a pasar nada. 

    Siempre me he considerado una persona de acción. Por eso actuar me cuesta poco. Pero reconozco que no siempre es así o que todo el mundo no tiene esa capacidad para moverse, para hacer algo.  Me frustra habitualmente la burocracia, perder tiempo en planes y proyectos que parece que nunca llegan a nada. Muchas cosas parecen en bucle, siempre así, siempre lo mismo, vaya usted y presente un documento, vaya a otro departamento… es aquí, pero tiene que presentarlo por escrito y ya le responderemos dentro de unos meses… y tantas otras frases por el estilo que me sacan de mis casillas. 

    Sin embargo, el «haz algo», para hacer algo, tiene que tener algunos ingredientes que no siempre tenemos al alcance o no están en su óptimo momento: 

    • Convencimiento: Tienes que tenerlo claro, si dudas, si no estás seguro/a de que funcionará, pues la cosa no saldrá, porque nosotros mismos no estamos poniendo palos en las ruedas con la poca claridad.  
    • Conocer el proceso: Estoy seguro de que este negocio funcionará en este espacio. Por ejemplo: quiero montar una heladería —porque es un lugar turístico, pasa mucha gente, el local es bueno— pero no tengo idea de hacer helados, pues no debería montarla, no conozco el proceso. 
    • Disciplina: Otro ingrediente fundamental. No siempre la tenemos. Es fácil saber nuestro grado de disciplina preguntándonos: ¿Cuándo empiezo a hacer deporte, cuánto tiempo mantengo esa rutina? ¿Si me ilusiona pintar, cuánto tiempo lo mantengo?  Si cada cosa que empieza lo dejas a los pocos días, primero deberías fortalecer la disciplina. 

    Por último, la claridad necesaria. Lo explico aparte porque si no tenemos claro que los grandes deportistas, actores o actrices, músicos, que nos muestran en la pantalla o en los medios de comunicación, un día empezaron desde abajo, con convencimiento, conociendo o aprendiendo el proceso y con disciplina, sino que pensamos que hoy empiezo a cantar y en septiembre ya tengo una gira millonaria por todo el mundo, pues nos estamos equivocando. Lo que está claro es que tenemos que hacer algo. Es, volviendo a la idea del principio: Hacer algo. Ley de causa y efecto.  

  • Valores para el camino, no para la meta 

    Nuestra vida se rige por valores. Nos gusten o no, siempre estamos eligiendo, como ya se ha dicho, incluso cuando no elegimos, estamos escogiendo. El planteamiento de hoy es que los valores, nuestros valores, aquellos que todos tenemos, no pueden o no deben ser metas, deben ser procesos. Dicho de otra forma: mi valor no puede o no debe ser tener un coche, una casa o salir con una persona o tener un determinado físico. Los valores debieran ser evolución, desarrollo y no simplemente algo a conseguir. 

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  • ¿Qué necesitas?

    En realidad poca cosa: atención, afecto y respeto.  Seguramente que, con estos tres ingredientes, nuestra vida será bastante plena. Sin embargo, no siempre encontramos esos tres productos en nuestro caldero. Hay quien busca experiencias exóticas, vivencias extraordinarias, pero, en general, no son necesarias. En general necesitamos poco, con esas tres pequeñas cosillas es suficiente.  Si las miramos en detalle, son significativamente importantes.

    ¿Qué cosas necesitas?
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    La atención dice el diccionario que es la acción de atender y seguidamente nos habla de cortesía, urbanidad, demostración de respeto u obsequio. Si nos fijamos demandamos atención desde que nacemos.  Pedimos comida a grito limpio, lloramos cuando no están satisfechas nuestras necesidades y así, nos acostumbramos a que es importante que nos atiendan. Cuando alguien nos presta atención nos manda una señal en la que va implícita el “tu me importas”, “eres valioso/a”, que influye directamente en nuestra autoestima. Además, yendo a otros aspectos, como las redes sociales, lo que buscan quienes publican con mucha frecuencia o quieren ser influyentes, es, precisamente, atención.  Evolutivamente y por supervivencia, la atención es clave, tenemos que llamar la atención de alguna otra persona, si queremos tener descendencia. Llamar la atención, ser el importante del grupo, da ciertos privilegios desde muy antiguo. 

    El Afecto: Volviendo al diccionario dice que es estar inclinado a alguien o algo.  En otra acepción, propone como cada una de las pasiones del ánimo, como la ira, el amor, el odio y especialmente el amor o el cariño.  Quedémonos con las palabras positivas: amor y cariño. Por tanto, quien nos muestra esos sentimientos de amor y de cariño, nos da afecto. Esas muestras, sin duda, son maravillosas para nuestro bienestar para estar felices, porque ¡Qué maravilloso es que alguien nos muestre afecto!  Es más, cuando nos dan una muestra de afecto sincera, tales como un abrazo, una palabra de ánimo, una caricia, nos sentimos enormemente bien, generando placer y felicidad.  

    El Respeto: Como no podía ser de otra manera, volvemos al diccionario. Con su definición da en el clavo: nos habla de veneración, miramiento, consideración. Es por eso que si tenemos en consideración a alguien, le damos valor, lo apreciamos, es por lo que es fantástico sentirnos considerados, mirados, valorados ¿A quién no le gusta sentirse respetado? Dándole una vuelta, pongámonos en la situación contraria: Si nadie nos hiciera caso —no nos miraran ni prestaran atención—, si nuestras opiniones e ideas no fuesen consideradas o no nos hacen caso cuando hablamos, es muy probable que nos sintiéramos mal.  No profundizamos en la idea más conocida del respeto, cuando nos insultan o agravian, que obviamente, nos mina nuestra moral y felicidad, por mucho que tratemos de ignorarlo. 

    La idea de hoy no es hacer una petición. No se trata de pedir que nos atiendan, que nos respeten o que nos muestren afecto.  Más bien la propuesta es mostrar esos ingredientes a las personas que están a tu alrededor para hacerlos sentir bien. En tu trabajo, en los estudios, con quien quiera que te encuentres, muestra siempre atención, afecto y respeto. No sólo harás sentir bien a los demás, sino que contribuyes a crear un mundo mejor. 

  • ¿Tenemos que aprobar?

    Dicen que «los niños lloran y los adultos mueren por ello». De modo que muchos buscan la aprobación, cosa que nos debería importar bastante poco, pero como somos un poco «raritos», de manera que algunos andan todo el día esperando que alguien  diga: «te queda bien ese outfit», «eres una persona estupenda», «me encantas», «lo haces muy bien» y cosas así. Y cuando nos dicen cosas bonitas, es fantástico y maravilloso, pero cuando alguien nos dice algo medio regular, se nos viene el mundo encima ¿Por qué?

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  • Aligerar para vivir mejor

    Buscamos el bienestar, no cabe duda.  Pero seguramente buscamos en el lugar equivocado.  Se habla mucho de la felicidad, de ser felices, de llevar una vida apacible y placentera.  Durante esta semana hay dos titulares que han llamado mi atención. Uno de ellos propone que es imposible ser feliz todo el tiempo. En principio me parece acertado aunque, como siempre hay que definir primero que entendemos por felicidad para ver si podemos o no ser felices todo el tiempo.  La segunda idea que me ha llamado la atención y, me gusta, es la propuesta sobre el bienestar o vivir feliz, que consiste en aligerar nuestra vida, nuestra mochila, nuestras pertenencias, como forma de ser más felices.  

    Más ligeros, se vive mejor
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