No quiero hacerte sentir así 

Le dijo el chico a ella. —No quisiera que te sintieras mal por mi culpa, continuó diciendo, mi vida es complicada y no quiero que por mis historias, por todo lo que me ha pasado te sientas mal.

¿Sentimos por lo que los demás hacen o dicen?

Y así continuó con una retahíla de disculpas el muchacho en una novela que leemos durante este verano. Al leer la frase se me encendió la luz roja. Peligro. Algo raro pasa aquí.  Aunque el diálogo no es literal, la frase sí. «No quiero hacerte sentir así» y la chica lloraba en una declaración de amor media complicada. Aunque el diálogo correcto o la respuesta correcta sería: Tu no me haces sentir nada que yo no quiera. Pero claro, eso no pasó. Ella siguió con su drama y él con el suyo de rollo imposible. 

Lo que sucede es que quizá normalizamos esta frase, lo vemos como un argumento normal de un libro o de una serie. Ella se sentía mal por su culpa o el se sentía mal por su culpa. Alarma que se enciende o, debería encenderse cuando leemos o escuchamos estas frases. No podemos normalizar este tipo de expresiones, porque nos dejan a merced de los sentimientos de los demás. Si aceptamos esta afirmación con válida, significa que nuestra vida, nuestros emociones y sentimientos están en manos de otros/as, lo cual significa que somos unas marionetas que los demás pueden manipular, porque nos hacen sentir de una manera o de otra. 

Pero puntualicemos. Es verdad que cualquier persona, cualquier situación nos hace sentir cosas. Si no fuera así, seríamos como robots o autómatas que no sentimos ni padecemos nada. No. No se trata de eso. La cuestión es ser dueños/as de nuestros sentimientos. Nadie debería hacernos sentir algo que no queremos. En un momento si. En el momento de emocionarnos. Alguien nos puede hacer sentir alegría, ira, tristeza, miedo… Pero luego, hemos de ser cada uno/a el que decide qué hacer con esas emociones ¿Qué siento yo a partir de eso? ¿Con qué me quedo? ¿Que emociones me deja?

Pero damos por hecho que las demás personas nos pueden y nos hacen sentir cosas que no queremos y por ahí, para nuestro bienestar personal y mental, no deberíamos pasar. Se debe encender la luz roja y tomar decisiones, diciendo claramente: «no me harás sentir cosas que yo no quiero» Nuestra fortaleza emocional consiste en ser capaces de marcar líneas rojas y aceptar que «Nadie debería hacernos sentir mal por…» pongamos todo lo que queramos a continuación.  

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