Ese instante en el que parece que hay magia alrededor o ese momento en el que todo sale según lo previsto. Llegar a la meta tras un gran esfuerzo en el que consigues aquello por lo que tanto te has sacrificado. Estar en un lugar con la temperatura ideal, sopla una suave brisa de verano, con tu bebida favorita en la mano, tus seres queridos alrededor disfrutando de un plácido descanso o también terminar una jornada de trabajo apacible en la que todo salió bien, todo el mundo sonreía, al volver a casa estaban todos los semáforos en verde, dejaste el coche en tu aparcamiento favorito y al llegar a casa tu familia te espera con los brazos abiertos con tu comida preferida sobre la mesa en un ambiente de felicidad. ¿Genial, no?

Pues no. Esos momentos raramente se dan. Ese “happy wonderful powerful” que vemos en pelis, series y redes sociales es mentira. No digo que no haya momentos buenos o muy buenos en nuestra vida. Tampoco es verdad que nuestra existencia sea una calamidad y todo tenga que ser malo o negativo para valorar los buenos momentos. Simplemente, lo que propongo es que ese momento perfecto que idealizamos no existe. Ese momento perfecto es ahora.
La cosa es que nos pasamos la vida esperando ese momento perfecto. Ese fin de semana especial en el que nos reuniremos con la pandilla de súper “amigis” que llevamos juntos desde la infancia y que siempre nos hemos llevado bien y conservamos esa amistad 80 años después. También esperamos la reunión familiar o el encuentro de verano en el que toda la familia sonríe como en los anuncios de dentífrico, los niños juegan amigablemente, los cuñaos son maravillosos, los abuelos adorables y la comida espectacular. Pero no, no es así y entonces nos frustramos y nos preguntamos ¿Por qué a mí? ¿Por qué a todo el mundo le va bien y a mí no? ¿Por qué todo lo que veo es maravilloso y lo mío un desastre?
Vuelvo a insistir. No existen esos momentos. Todos y cada uno de los momentos que vivimos son perfectos. Son como son. Pero hay quien sigue empeñándose en esperar ese momento perfecto que nunca llega, porque sólo es un espejismo que nos han mostrado en el mundo audiovisual. Hay quien desea que la vida sea como en las películas o como nos lo muestran las redes sociales. Tremendo error.
Lo peor es que posponemos nuestra vida esperando ese momento perfecto que nunca llega. Dejamos nuestra felicidad en manos de esos momentos perfectos, del día maravilloso de playa, del día increíble en familia, las vacaciones de ensueño, que nunca aparecen, que nunca se dan, porque siempre vamos a ver a alguien en alguna red social mostrando unas vacaciones o una vida mejor que la nuestra.
Pero, como esto es un espacio de positividad, vamos con algunas claves para buscar momentos perfectos. La primera ya la avancé: el momento perfecto es ahora. Este que vives en este instante. No hay otro porque es el único que tienes. Ya puedes estar en tu piscina de 50 metros en tu mansión, como si estuvieras en una de un metro cuadrado de oferta en el supermercado. Este es tu momento perfecto, es el único que tienes. Segunda: No te compares. Es difícil, lo sé. No podemos ir con los ojos cerrados y vemos que el vecino tiene un coche mejor que el tuyo —aparentemente—, una familia mejor y visten mejor que tú. En las redes sociales lo mismo, nadie sube sus desgracias —bueno, algunos sí—, pero en general ponemos fotografías maravillosas. Lo que no muestran no es la realidad, es aquello maquillado para mostrar un fragmento que no es su vida habitual.
Con todo, para no alargarme mucho más. La vida es ahora. Tu momento perfecto es ahora, no dejes de disfrutarlo esperando el gran acontecimiento, el gran momento maravilloso que nunca llega.
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