No está nada clara la línea que separa el autocuidado y el egoísmo. Desde muchos ámbitos se nos propone que seamos capaces de valorarnos, querernos, tener una buena autoestima para estar bien. Por otro lado, se nos habla de la necesidad de realizar algún trabajo comunitario, de vivir para los demás como forma de encontrar la felicidad. Por tanto, nos encontramos ante una encrucijada compleja. ¿Qué hacemos, primero nosotros/as o no?

La clave está, como ya hemos comentado en alguna ocasión, en el equilibrio. El problema de estas afirmaciones es que, con cierta frecuencia, se polarizan. Nos gusta mucho eso del todo o nada. Si leo o me explican que es importante el autocuidado, algunos lo verán como que tenemos que ponernos en primer lugar, ser más egoístas y no tener en cuenta nada. En cambio, otras personas al ver que es bueno y saludable entregarse a los demás, descuidarán sus vidas por ocuparse de otros hasta caer en problemas personales o de salud. Es por eso que la conclusión que hemos de sacar es que hemos de buscar el equilibrio.
Por eso es que ni hemos de olvidarnos de nosotros/as mismos/as para atender a los demás, ni hemos de ponernos en primer lugar de manera que sólo pensemos únicamente en nuestro propio beneficio. ¿Cómo? No es fácil, claro está, puesto que a veces nos damos cuenta de que estamos siendo egoístas cuando alguien nos lo dice. Lo mismo cuando nos volcamos en exceso en los demás, tampoco lo apreciamos hasta que alguien nos dice que nos estamos descuidando.
Otro aspecto a tener en cuenta es que no todos/as tenemos la misma escala de valores y, por tanto, no nos vemos igual. Cada persona tiene una imagen de sí misma y de su cuidado, como también del sentido de comunidad.
El cuidado de uno mismo/a supone en primer lugar el cuidado físico puesto que nuestro cuerpo es el que soporta toda nuestra existencia. Si descuidamos nuestro cuerpo, ninguna otra dimensión puede funcionar. Como ya sabemos, nuestro cuidado está en tres ámbitos que debemos vigilar: la alimentación, la actividad física y el sueño. Con estos tres pilares claros, nuestro autocuidado debe orientarse a dedicarnos tiempo cada día: algo de reflexión y meditación, tiempo a solas, dedicar algo de tiempo a alguna actividad que nos satisfaga como algún hobby, actividad con la que nos sintamos bien. No tiene porque ocupar todo el día, sino que le demos algo de tiempo cada día.
La otra clave, la dimensión social o entrega hacia los demás, puede desarrollarse en algún voluntariado, en colaborar con alguna entidad, ayudar a una persona que nos lo solicita, prestar algo. En este caso, sí que no es necesario que realicemos esta actividad de manera diaria, sino que tenga cierta frecuencia: semanal, mensual o como queramos. Pero es fundamental que, con cierta periodicidad, dediquemos algo de tiempo a los demás, saliendo de nuestra zona de seguridad para hacer algo por el bienestar de los otros.
Pero hay que insistir, una vez más, en el equilibrio. No podemos dedicar todo nuestro tiempo libre a nuestro cuidado y hacer lo que nos plazca, ni tampoco levantarnos cada mañana, sin ni siquiera mirarnos al espejo, salir a la calle a ayudar a los demás.
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