Me salió mal por tu culpa, yo tengo la culpa de todo lo que ha sucedido o la culpa es mía, son algunas de las frases con las que nos hemos familiarizado y acostumbramos a decirlas con regularidad. Sin embargo, la culpa se queda simplemente en eso, en culpa, pero la responsabilidad nos abre otros caminos y opciones. Es cierto que de una manera innata hemos aprendido que hemos de ser culpables. En el propio juicio a una persona: eres culpable o inocente. Sería muy distinto que la sentencia fuera responsable o no responsable del delito que se le imputa. El mismo vocabulario nos da una nueva perspectiva. Pensemos en las dos frases: Es usted culpable o es usted responsable? ¿A qué nos invita cada afirmación? La de culpa nos deja sin opciones. Eres culpable y punto, no hay más. La de es usted responsable sí que nos invita a reparar o pensar que es nuestra responsabilidad y por eso el deber moral es de reparar ese daño.

Sentirme culpable no sirve de mucho, sentirme responsable sí que puede arreglar alguna cosilla. Sentir culpa por haber hecho algo un poco regular no lo arregla. Ser responsable y asumir la consecuencia de esa situación sí que me pone en camino. La culpa inmoviliza, la responsabilidad nos invita a reflexionar y buscar soluciones. Así de simple. Por tanto, la tarea, como para tantas otras cosas, será ir eliminando de nuestro vocabulario la culpabilidad y tratar de sustituirla por la responsabilidad.
Incluso en el mundo fantástico de los sentimientos, cuando nos culpabilizamos por lo que sentimos, nos aboca a quedarnos simplemente en eso, a no buscar soluciones; sin embargo, al responsabilizarte de tus sentimientos, la cosa cambia. Por ejemplo, cuando digo me siento culpable por tener miedo. Ahí queda. Miedo y punto. No hay más. Sin embargo, cuando soy responsable por sentir miedo. Veo que tengo la opción de reflexionar y buscar alguna solución para cambiar esa situación si lo deseo.
Lo curioso es que con mucha frecuencia se utilizan las palabras sin caer en la cuenta del contenido que llevan. Podemos utilizar aleatoriamente una palabra u otra. Pero la carga que tiene cada una es muy diferente. Si de manera continua usamos la palabra culpa, me culpo, de algún modo me estoy limitando, me estoy maltratando y evitando que pueda desarrollarme y crecer. Usando la palabra responsabilidad, diciéndome “Soy responsable”, asumo lo que ha ocurrido me invita a un camino abierto al cambio, a la prosperidad, al desarrollo, a la mejora.
Así por tanto, nuestro trabajo será ver qué elegimos decir de manera consciente, ¿me culpabilizo o me responsabilizo? ¿Prefiero quedarme en una culpa estéril que no conduce a nada o tratar de buscar soluciones? Simplemente con que cada vez que pronunciemos la palabra culpa, nos demos cuenta y se encienda un semáforo rojo para ver mentalmente que es una palabra inadecuada, ya estaremos en el camino del progreso. Así que la pregunta es para ti ¿Qué prefieres culpa o responsabilidad?
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