Todo lo que viene tiene derecho a estar

Le escuché esta frase a Pablo d’Ors esta semana. Se convirtió en una frase hierba. Una de esas que se queda rumiando en la cabeza. Dándole vueltas una y otra vez, pensando en todo el contenido que encierra y todo lo que tiene que ver con el mundo de la positividad. Si lo pensamos bien, “todo lo que viene tiene derecho a estar” nos invita a ser algo estoicos, a no andar sufriendo en exceso por cada cosa que nos sucede. No es una llamada al inmovilismo, más bien es una propuesta de respeto, de aceptación, de valorar a todos las personas, con sus decisiones y sus situaciones.

¿Todo lo que viene es para bien?

Sufrimos en exceso por las cosas que no podemos cambiar. Si me ponen un compañero de trabajo nuevo, ¡Vaya desastre! Ahora le tengo que enseñar, tengo que dejar lo que hacía, me molesta. Si me encuentro en un atasco ¡Vaya por Dios! Que ahora llego tarde, que me no voy a poder hacer lo que tenía previsto, tendré que trastocar mas actividades. Si alguien me quita mi plaza preferida de aparcamiento en la sombra ¿dónde aparco ahora? Si alguien se me cuela en la cola… y así podríamos hacer una lista inmensa de situaciones por las que sufrimos día tras día.

Pero si nos ponemos en clave de esa frase comprendemos que “también tienen derecho a estar” y sufrir por cosas que suceden en nuestro día a día es como enfadarnos por que hace sol, porque llueve o porque está nublado. Nos pone de mal humor pero no soluciona absolutamente nada. Así que ese modo de pensar en el que todo lo que sucede, todo lo que vemos, todo lo que está en el mundo tiene su derecho. Tanto una piedra como un día nublado, lo mismo un mal día que uno bueno. Debe estar.

Hay muchas lecturas que podemos hacer para valorar que todo lo que viene tiene derecho a estar. Algunas ideas son estas:

⁃ Es posible que cuando yo o tu estés en un lugar, no sea bueno para otra persona. No deberías estar allí pero tienes derecho a hacerlo.

⁃ Es probable que cuando algo nos ocurre que no nos gusta o nos incomoda, luego tenga algún aprendizaje para nuestra vida.

⁃ Puede ser que algo que en un principio es molesto, como un atasco de tráfico, luego se convierta en algo bueno porque alguien que escapó de esa retención, luego tuvo un accidente fatal.

⁃ Si no encontraste tu aparcamiento favorito libre, puede que alguien le diera accidentalmente un golpe al coche que allí aparcó ese día.

Y así podríamos hacer una lista inmensa de acciones diarias que ocurren o podrían suceder y que oponernos, lamentarnos o enfurecernos, no sólo no solucionan el problema, sino que nos dejan peor de lo que nos encontrábamos.

La propuesta de Pablo d’Ors, la teníamos interiorizada desde hace tiempo, de manera involuntaria. Especialmente cuando encontramos cosas o situaciones que no son normales. Si hay un objeto fuera de su lugar habitual, es mejor pensar: alguien lo habrá puesto allí por algo y allí queda. Si luego se comprueba que es por desorden, ya se pondrá en su lugar. Cuando por cualquier situación nos retrasamos, es preferible pensar mientras hacemos el camino: “Estoy más cerca de llegar” que lamentarnos por salir tarde. Quedémonos con esta idea, para evitar tanto sufrimiento estéril. Lo que viene tiene derecho a estar, está por algo, para que nada altere nuestra paz y tranquilidad.

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