Si alguien te dice no sé quien soy ¿qué le responderías? ¿Qué le dirías?
Seguro que lo primero que se te pasa por la cabeza es que esa persona está loca ¿Cómo no vas a saber quien eres? Eso es imposible. Si es alguien conocida, le dirás su nombre, te conozco desde que… siempre hemos estado aquí allá, hemos vivido, hemos hecho, hemos trabajado… y daremos un montón de cualidades. Pero y si nos insiste. No sé quien soy. Seguro que nos desesperamos.

No sabemos quien somos cuando nuestra forma de ser, de comportarnos, de relacionarnos cambie en cada momento. Cuando lo que realmente sentimos en el fondo no está en consonancia con lo que hacemos. Cuando se da una especie de desequilibrio entre quien soy exteriormente y lo que mi corazón me dice interiormente.
La posibilidad de ese amigo que decía no saber quien es nace de su interior. Cierto día, en cierto momento, en soledad, en paz, sin distracciones, sin ruidos, se encontró con esa pregunta ¿Quién eres? ¿Estás feliz con tu vida? Y claro a partir de ahí surgen las fricciones. Es que no estoy contento/a con como me comporto en algunos lugares. Es verdad que en ciertos momentos, me adapto a la situación y, aunque en mi interior una voz me dice: eso no es así, está mal, pero me dejo llevar.
Se comporta de manera extraña cuando se encuentra agobiado y va de compras para sentirse feliz. Le gustaría tener el móvil de último modelo, pero no se lo puede permitir, porque ya tienen una televisión con más pulgadas que la pared de la casa. En ocasiones percibe un vacío importante porque no encuentra sentido a muchas de las cosas que hace cada día. Así no se reconoce. No sabe muy bien quién es.
En este espacio de positividad, buscamos la manera de crecer un poco más, así que la clave para reconocernos, para saber quien soy es la prueba del espejo. Si en ocasiones, cuando te miras al espejo hay algo en ti que no reconoces, es probable que hayan cosas desajustadas. Si te reconoces perfectamente y eres capaz de mantener la mirada durante algún tiempo, no hay problema.
Lo importante es reconocerse, actuar de igual modo en un lugar que en otro, sentir que no hay fisuras entre lo que somos en nuestro yo más profundo y lo que mostramos a los demás. Pero ¿Quién ha de ganar la batalla? Sencillamente tu corazón. Ante la duda de cómo actuar ante dos opciones, ante la pregunta ¿qué es lo correcto? La respuesta ha de ser lo que te dicte tu interior, lo que diga tu corazón. Lo demás no importa. Que tu corazón te guíe.
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