La semana pasada perdí las llaves. Si perdí las llaves del trabajo, pero aparecieron. Así de sencillo. Sucedió que cuando iba a abrir la puerta para salir, las llaves no estaban ¡Vaya desastre! ¿Y ahora qué? Voy a decírselo a mi superior, para que me den unas nuevas, a lo mejor tendrán que pedir que cambien las cerraduras, puesto que si alguien las encuentra podrá entrar. Además estaban identificadas con esa tontería de etiqueta que le ponemos a las llaves diciendo de dónde son. Ahora que lo pienso ¡vaya disparate lo de poner nombres a las llaves! Si se nos pierden le estamos diciendo a quien las encuentre: estas son las llaves de tal sitio: vete y entra. O puede que si las encuentra una buena persona, las devuelva. Bueno pero no hay que desviarse del tema: No hay que desesperarse en un primer momento, aunque sea un duro golpe. Con calma las cosas se resuelven de mejor manera.

Cuando vi que había perdido las llaves la tentación, como dije anteriormente era avisar a todo el mundo, pedir llaves nuevas y que tengan precauciones por si alguien las encuentra. Pero decidí no desesperarme y fue una buena cosa. Si no nos desesperamos, actuamos con más tranquilidad, pensamos con más claridad, vemos las cosas de mejor manera. Y eso fue lo que sucedió.
Respiré, me tranquilicé y decidí analizar ¿Cuándo fue la última vez que tuve las llaves en mi poder? Hace dos días. Bien. He decir que me muevo por varios lugares y por tanto no siempre uso las mismas llaves, de ahí que no las echara en falta inmediatamente. Bien, pensé, tengo que completar todo el recorrido semanal antes de dar la voz de alarma. Y eso hice. Con calma pregunté en distintos sitios que había estado en días anteriores… de modo que al tercer día aparecieron. Las habían encontrado y las habían guardado hasta que alguien preguntara por ellas.
Toda esta batallita para proponer que no nos desesperemos. Tardamos menos que una cerilla en prender, en montar en cólera, en remover los cimientos de la tierra, cuando algo inesperado sucede. Así que, la propuesta será tomarlo con calma.
En la desesperación o preocupación actuamos con ligereza, tomamos malas decisiones y seguramente, casi siempre, empeoramos las cosas. Así que una buena decisión será no desesperar siempre que podamos. Es cierto que hay situaciones que nos hacen perder los papeles con facilidad y podemos agredir, insultar, enfadarnos y muchas otras cosas más, pero únicamente, añaden más leña al fuego del problema que se nos haya presentado. ¿Habría servido de algo montar el cólera, maldecir, enfadarnos por perder las llaves? Seguramente no. ¿Sirve de algo golpear, destruir, pelear cuando se da una situación que no es deseable? Seguramente no sirva de mucho.
Así pues, propongámonos no perder la calma. No desesperar, para solucionar las cosas con mayor facilidad y claridad.
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