En cuestiones de tiempo somos bipolares. Somos capaces de pasarnos una tarde sin hacer absolutamente nada o tumbados delante de la televisión, mientras que al día siguiente queremos aprovechar hasta el último instante, con una agenda apretadísima, sin tiempo apenas de descansar. A veces no está nada mal tomarnos ciertos periodos de descanso en la semana en el día, para recargar nuestra mente. En relación con el bienestar escuché hace unos días en un podcast que no querer descansar es algo así como no parar el coche para echar gasolina para poder aprovechar al máximo y llegar lo antes posible. Hay que repostar, hay que parar.









