La sabiduría de los mayores

 La sabiduría de los mayores es abrumadora.  Seguramente si observamos a los abuelos/as veremos que a mayor edad piden menos y parecen que necesitan menos.  No piden nada por el cumpleaños, no reciben casi nada por Navidad o Reyes. Es probable que pensemos que se han olvidado de pedir, que ya no tienen deseos ni esperanza y por eso viven de una manera tan sobria. Sin embargo, como casi siempre deberíamos aprender de la sabiduría de los mayores y, por tanto, de los abuelos.  

Cuanto menos necesitas eres mucho más feliz. Hay una antiguo dicho que propone algo así: no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita. La abundancia de cosas materiales no da la felicidad.  No por tener muchas cosas encontraremos la felicidad. El coche último modelo o el casoplón no generan felicidad, sino que es la forma de relacionarnos con esas posesiones.  

La austeridad no es pobreza, ni falta de recursos, es vivir en el presente con aquellas cosas que realmente necesitamos. Sin gastos superfluos, sin derrochar, sin buscar comprar de manera compulsiva, sino comprando aquello que realmente necesitamos.  

Vivir en austeridad no significa vivir con carencia, sino vivir con conciencia. En un mundo que nos empuja al consumo constante, elegir la sencillez es una forma de libertad. La austeridad nos enseña a distinguir entre lo necesario y lo superfluo, a disfrutar de lo que tenemos y apreciar los pequeños gestos del día a día.

El exceso de cosas nos incomoda. Tu casa llena de cosas, de ropas, de trastos, de tecnología que no usamos ni necesitamos, lejos de darnos bienestar, nos produce el efecto contrario.  Nos perjudica  Hoy en día, con razón, se nos invita al minimalismo que no es otra cosa que tener en nuestros hogares lo mínimo necesario. Probablemente, queríamos la abundancia por imitar a los ricos, a las más pudientes.  Como viven o vivían en la opulencia, tratábamos de ser iguales, llenando la casa de trastos, lujos y mucho más de lo necesario. Sin embargo, hoy, conscientes de que ese es un camino equivocado, tendemos a la sobriedad, al minimalismo.  

Cuando reducimos el exceso, ganamos espacio interior: más calma, más orden, más claridad para enfocarnos en lo importante. La austeridad también educa nuestro corazón: cultivamos gratitud, aprendemos a compartir y fortalecemos nuestra capacidad de desprendimiento.

Vivir con menos nos enriquece. En serenidad y sentido. E, incluso, si nos ponemos prácticos, tener un hogar o una zona con pocas cosas, hará que limpiemos menos, tengamos menos que cuidar, limpiar o reparar ¿Te apuntas a la sabiduría de nuestros mayores? 

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