Podemos poner en los puntos suspensivos cualquier cosa. Lo que queramos, todo aquello que nos imposibilita la felicidad o que nos hace un poco —o un mucho— infelices. Los problemas, esa relación complicada, el trabajo, el estrés, los políticos corruptos, el desempleo, la falta de recursos, el no llegar a fin de mes, el no poder cumplir con todos los compromisos y no poder llegar a todo, esa relación tortuosa, el pasado terrible o el futuro incierto. La cuestión es tratar de ser felices a pesar, o mejor dicho, con todos esos ingredientes. Cosa que no es fácil ni muchísimo menos. Pero si nos pasamos la vida esperando a que cambie en esa relación, a que tenga más recursos, a que encuentre un trabajo, a que tenga todo aquello que anhelamos, seguramente, no seremos nunca felices, cosa que, me da la sensación, ocurre con mucha frecuencia.









