Personas medicina

En una reunión, de estas que tantas vivimos durante las pasadas fiestas, me fijé en una persona que iba de una a otra persona hablando con casi todos/as ¡qué persona más sociable! —pensaba— es capaz de aproximarse a cualquier grupo, conversar durante un rato y luego con otro. Sin embargo, al tiempo reparamos en un pequeño detalle. Cambiaba de grupo en grupo porque dejaban de hablar con ella. Al tiempo nos llegó el turno y se aproximó hacia donde estábamos. Su conversación era sobre los problemas que tenía. Hablaba de su salud, de lo lamentable que eran sus compañeros/as de trabajo. Así que claro, se movía de grupo en grupo, porque todo el mundo, tras unos minutos le dejaban de lado.

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En el otro lado, tenemos a las Persona Medicina. Aquellas que, cuando conversamos, cuando hablamos, cuando compartimos un ratito con ellas, quedamos mejor que como estábamos. Generalmente son alegres, saben escuchar, empatizan y, al final, como mínimo, no te vas peor de lo que estabas. Algunas características de esas personas medicina, por si quieres ser una de ellas, son las siguientes:

La escucha: Seguramente es el aspecto fundamental. Sabe escuchar a quien habla. No se dirige a la otra persona para contarle sus desgracias, sino que es capaz de escuchar atentamente. Un breve truco para aprender a escuchar es el parafraseo. Repite algo de lo que la persona con la que hablas de dice. Por ejemplo te cuenta algo divertido que le ocurrió en el supermercado hace unos días… entonces en lugar de decir: a mi me pasó algo parecido en… preguntamos ¿en qué supermercado fue… en el del barrio? Para parafrasear no hace falta repetir lo que la persona dice, sino hacer una pregunta sobre lo que te cuenta.

No cuentes tus batallas: Brevemente lo enunciaba con anterioridad. Es un defecto bastante grave que, cuando alguien nos cuenta algo… inmediatamente soltamos: a mi me pasó algo parecido o “lo mío fue peor porque… “ ¡NO! Si te cuentan algo, es porque quieren decírtelo, no para que le cuentes tus cosas. También es frecuente que, cuando alguien nos habla estemos pensando lo que vamos a decir a continuación. También es un tremendo error. Simplemente atiende atentamente a quien te habla.

Cuenta cosas positivas: Es verdad que no todo en la vida es bueno. Siempre nos suceden cosas malas por desgracia. Pero si con frecuencia contamos únicamente lo malo, al final todo el mundo saldrá espantado, como con el protagonista de nuestra historia. No está mal hablar de algún percance ocurrido, pero si todas nuestras conversaciones son sobre lo mal que nos va, únicamente generaremos rechazo.

Empatiza: Todos/as somos empáticos en teoría. Sin embargo, a la hora de la verdad, nos cuesta mucho ponernos en la piel de la otra persona. Por tanto, para ser una buen persona medicina, deberíamos pensar ¿cómo se está sintiendo esa persona? ¿Qué le está ocurriendo de verdad? ¿Cuáles son sus sentimientos y emociones en esto que me cuenta? Si somos capaces de ponernos de verdad en la piel de la otra persona, seguro que la entendemos con facilidad y seremos capaces de ser una buena medicina.

¡Sonríe! Si claro, qué fácil. Y ya está. Pues resulta que la sonrisa es algo que se puede practicar del mismo modo que el deporte, el canto o cualquier otra actividad. Del mismo modo que nos ponemos a ejercitar los músculos del cuerpo mediante el deporte, también podemos, ejercitar nuestros músculos faciales con la sonrisa. Sonreír, modificar la postura de nuestro rostro es una decisión personal, puedo poner mi rostro en forma de sonrisa o con cara de amargado/a. También podemos hacer esa modificación a voluntad o, al menos, intentarlo.

Es posible que no nos consideremos especialmente medicina o curativa, porque no va en nuestro carácter o por cualquier otro motivo. Pero, al menos lo que deberíamos lograr sería, ser neutros o no negativos/as. Es decir que no vayamos soltando por ahí lo peor de nuestra vida. Al menos que las personas que se encuentran con nosotros se queden igual que como vinieron y no peor ¿lo intentamos?

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