Pasamos la vida algo distraídos, en más de una ocasión lo hemos hablado. Vamos muy deprisa, no valoramos lo suficiente todo lo que sucede a nuestro alrededor, etc. Así que con cierta relación con técnicas orientales, surge la meditación y también la atención plena. Todas ellas técnicas gratuitas y de fácil incorporación en la vida. Sin embargo, nos cuesta mucho ponerlas en práctica ¿o no?

Muchos hablan de la facilidad de la atención plena porque todos respiramos y lo tenemos a mano, siempre vamos a tener que respirar ¿obvio no? Pero el problema no es que dejemos que respirar —mejor no, desde luego—, sino el pararnos para ser conscientes de la respiración. Eso ya es otra movida. Ya significa parar, que es lo que necesitamos, desde luego.
Otra bonanza es la meditación. Pararnos en algún momento del día en algún lugar tranquilo y reflexionar, atendiendo también a nuestro respiración. Pero resulta que si ya respirar nos cuesta un pico, me refiero a prestar atención a la respiración, imagina, cuanto más sentarnos, parar, tratar de no pensar en nada y relajarnos. Lo intentamos cada día, pero apenas lo conseguimos durante algunos minutos.
Ahora aparece una nueva propuesta que nos invita a estar presentes, a ser conscientes y tratar de vivir una vida más plena. Se trata, especialmente de evitar la tan normalizada frase: «Se me pasa el día volando», «no me da la vida», «no tengo tiempo de nada» y otras linduras. La técnica, que está medio de moda y que la veo casi tan difícil como las anteriores es el 5,4,3,2,1. Así que buscamos una alternativa que puede resumirlas un poco y nos hace plenamente conscientes del momento en el que estamos.
El 5,4,3,2,1 nos invita a detenernos para mirar, prestar atención a 5 cosas, atender a 4 objetos que puedas tocar, a 3 sonidos que puedas oír, 2 aromas que puedas oler y 1 cosa que puedas saborear. Es decir estamos en cualquier lugar y en vez de recurrir al móvil inmediatamente para mover y ejercitar nuestros dedos, dejamos el dispositivo quietito y miramos alrededor y miramos cinco cosas, buscamos cuatro objetos para tocar, agudizamos nuestro oído para escuchar tres sonidos, tratamos de oler dos cosas y pensamos en el sabor de algo que estemos presenciando ¿Fácil no?
No está mal. Lo que ha pasado al ponerlo en práctica es que se olvidan las cosas que tengo que hacer y empiezo a darle vueltas ¿tenía que oler cinco cosas? ¿tengo que tocar una? Total que, salvo que lo lleves apuntando y lo repitas muchas veces, parece algo difícil de recordar, así que me inventé algo para no distraernos y que resume lo anterior de una manera fácil y que está funcionando.
Para volver al momento presente, para no distraernos en pensamientos raritos, simplemente describimos lo que vemos. Podemos incorporar todo lo anterior que nos viene de perlas ¿Qué estoy oyendo? ¿Qué estoy viendo? ¿Cómo huele en ese lugar? ¿Cómo sabe ese fruto del árbol? —si estoy viendo uno claro— ¿Qué sensación me da el tacto con la ropa que llevo? Podemos usar los cinco sentidos o no. Simplemente, viene muy bien, el describir. Estoy viendo en una sala de espera, las sillas, el revistero, los cuadros… Si voy en el coche describo: me acaba de adelantar un coche marca… la matrícula del de delante es… la señal indicaba…
Se trata, simplemente de una técnica para estar presentes, para no pasar por la vida distraídamente. Para disfrutar mucho más de los lugares en los que estamos y de las cosas que hacemos, para evitar el piloto automático en el que viajamos gran parte del día. Así que vamos a desconectar el modo automático y vamos a tratar de ser más conscientes y disfrutar mucho más de nuestra vida.
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