Que no me pase nada, que no me pase nada malo, que no me pase nada malo… de tanto repetirlo, le pasó. Me contaron de una persona que quería evitar a toda costa el sufrimiento. Su vida era una especie de equilibrio, iba como al borde del abismo, siempre con un miedo, a veces desorbitado, para que nada le sucediera. No quería llegar tarde nunca a una cita, se miraba al espejo en muchas ocasiones para salir de casa impoluto, pero de una manera especial, tenia muchísimo miedo a un accidente de tráfico. Hasta que el accidente lo encontró. Tuvo un accidente de tráfico: ¡Con todo el cuidado que pongo! —se lamentaba— y me dan un golpe por detrás inesperado.

Parece en algunas ocasiones que aquello que odiamos es lo que, con más frecuencia nos sucede. Si quieres llegar con tiempo a tu cita, todos los semáforos se pondrán en rojo. Si quieres evitar al vecino que es un plasta y siempre te habla de lo mismo, seguro que te lo encuentras. Si no estudiaste una pregunta para el examen y espera que no caiga… ahi está ella, perfectamente puesta, en primera posición. Así parece que de todas aquellas cosas de las que huimos, se hacen presente en nuestras vidas con mayor fuerza.
Hay quien llama a esto la ley de la atracción o no sé que cosa. Pero está claro que aquello a lo que le damos más importancia, es lo que más aparece. Por ejemplo si nos gusta muchos las motos, veremos motocicletas por todos lados, hasta por la noche; en lugar de contar ovejas contamos motos. Si queremos evitar a toda cota, como nuestro protagonista, un accidente de tráfico, seguro que nos encuentra.
Así que hemos de acostumbrarnos a vivir, a disfrutar a sentir, lo bueno y lo malo. Lo que nos sucede y lo que no. Aquello que no se siente se resiente. Porque aquello que no quiero sentir, aquello que quiero evitar, aparece con fuerza más pronto que tarde.
Así que vamos a convivir con las vicisitudes de la vida. Vamos a fluir con las cosas que vienen y con las que vendrán ¿pero cómo? Es bastante fácil. Se trata de no oponer resistencia, no andar como nuestro protagonista huyendo de todo para que nada la ocurra. Se trata de disfrutar del momento presente, sin pensar en que puede sucedernos algo malo.
No hay que irse a los extremos, ni andar asustado por todo lo que se mueve a nuestro alrededor, ni ir como un kamikaze, creyendo que nada nos va a suceder. Vivamos la vida, simplemente, disfrutemos de cada instante, sintiendo y viviendo. Así de simple
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