Tiene que tener muchos ingredientes deliciosos: unos buenos entremeses y un postre delicioso. Un buen libro, por ejemplo, tiene también otros ingredientes llamativos, lo mismo que una película. Pero si nos ponemos a mirar con detenimiento, es probable que todos tengan algo en común. Un buen comienzo y un buen final. Algunos lo llaman el bocadillo, en el sentido de que se debe empezar y terminar bien. Eso, según los entendidos, deberíamos extrapolarlo a nuestra vida. Si queremos una buena vida, deberíamos valorar tener un buen comienzo y buen final en cada día.

Pensándolo bien y, si nos fijamos, eso de empezar y terminar bien nuestros días tiene muchas ventajas. Para darnos cuenta, vamos a ponernos en el lado contrario. Nos despertamos en la mañana, pero le decimos al despertador ¡¡por fa, por fa, cinco minutos más!! Nos quedamos un poco más y se pasó media hora. Así que empieza la carrera: ¡Vamos que no llegamos! Si hay niños en casa, corriendo a despertarlos, a preparar mochilas, desayunos y todo lo demás a gran velocidad para salir a tiempo. Apenas nos da tiempo de asearnos y tomar algo de desayuno para salir corriendo a nuestras ocupaciones. Un mal comienzo de día.
Vamos a por la noche. Si hay niños en casa, la batalla campal para que se vayan a la cama, para que cenen, para que se aseen. Total que no nos da tiempo de nada. Cuando ya hemos conseguido que haya algo de paz, un capítulo de la serie, y luego otro. Quizá un programa o una película entretenida de la tele y ¡zas! sin darnos cuenta las una de la mañana. Toca intentar dormirse rápido para que mañana no suceda lo mismo. Y así, un día tras otro.
Tenemos así todos los ingredientes para un mal menú que se perpetúa día tras día, con lo cual, vamos a toda prisa a todos lados, no disfrutamos de nada, se nos va la vida. ¡Ya estamos en Navidad! ¿Otra vez? Pasan semanas, meses y como suelen decir, ¡no me da la vida! Velocidad de crucero que sólo se interrumpe en el fin de semana donde tratamos inútilmente de recuperar sueño, acostándonos más tarde porque salimos o nos quedamos a ver más televisión.
En ese artículo que leía sobre el buen comienzo y final del día, nos proponían tener unas rutinas muy marcadas para tener una buena vida y disfrutar cada día y no ir tan alocados de un lado para otro. En lo único que no estoy de acuerdo es en rutinas muy marcadas, ni muy extravagantes. Lo siento, pero levantarme a las cinco de la mañana para meditar, pues va a ser que no.
Por eso, quizá lo de los grandes gurús y sus paridas, no me convence. Me parece interesante el sentido común. La clave para mí del buen menú, del buen principio y final es la calma. Lo explico un poco.
Por la mañana: Si ves que cada día sales de casa agobiado/a porque casi no te da tiempo de desayunar y de hacer lo que te propones, levántate un poco antes. Así de simple. La cosa es muy sencilla: Si empiezas el día agobiado/a, seguirás el resto del día con el mismo agobio. Pillarás un atasco de tráfico, se te escapará el transporte, llegarás unos minutos tarde al trabajo o a tus quehaceres… y así entras en un bucle que no termina nunca. Solución fácil. Sal de la cama un poco antes, realiza tus tareas con calma, desayuna tranquilamente, aséate con mimo, cuídate y sal con tu tiempo… Todo cambiará. Es verdad que muchas veces, al levantarse uno calma, quieres hacer más cosas de las que debes y se ajusta todo. Pero tenemos cierto margen. El truco es ponerse una hora de salida para llegar bien a lo que vayas a hacer cada día. Y respétalo siempre. Así, llegarás bien, estarás bien.
Eso nos lleva a la noche: si no descansas bien, querrás quedarte un rato más en la cama, se te hará tarde, etc., etc., por eso es bueno también no retrasar mucho la hora de irse a la cama. Cuenta ocho horas o más hacia atrás antes de levantarte. Si te quieres despertar a las siete, pues a las once durmiendo y, si es a las seis, pues a las diez ¿a las diez durmiendoooo? Es lo que hay. Pero además no sólo hay que irse ocho horas antes, sino un poco más. Nadie cae en la cama y se duerme, lleva su tiempo. Así que habrá que preparar el sueño. Así que, un poco antes —siempre que sea posible, claro— preparas tu sueño. Lo mejor: un buen libro y lo peor: las pantallas. Ya lo sabemos. Mi rutina me lleva a estar sobre las nueve o nueve y media en la cama leyendo para ir preparándome. Los fines de semana un poco más tarde y, obviamente, si hay algún evento o cualquier cosa que me retrase la hora de sueño, pues lo acepto sin más. Tampoco vamos a suspender nuestra vida social. Pero sí que hay que procurar que sean la excepción y no la regla.
Ya lo sabes, por tanto. El buen menú: buenos entrantes y un buen postre. Si queremos llevar una buena vida, habrá que pensárselo. Conozco ya muchas personas que ante la pregunta ¿Qué prefieres, para quedar, almuerzo o cena? Apuestan por el almuerzo. Porque somos conocedores de que las cenas nos van a alterar todo nuestro menú ¿te apuntas a esta forma de empezar y terminar?
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