Ser el mejor 

¿Por qué no? Ser el mejor parece que, para algunos, es sinónimo de competitividad, de lucha e, incluso, se soberbia.  Sin embargo, ser el mejor, puede ser una buena meta, siempre que no estemos compitiendo ni envidiando a nadie.  

Ser el número uno

¿Por qué no ser el mejor cuando estas limpiando? ¿Por qué no ser el mejor doblando la ropa o preparando la comida? No está nada mal ser el mejor si únicamente tratamos de dar lo mejor de nosotros/as mismos/as. 

Ser el mejor, bien mirado, tratando de hacer las cosas de la mejor forma posible, no está nada mal.  Ser los mejores sin envidias, ni por terceras razones, puede resultar maravilloso. 

En primer lugar porque nos centra en la actividad que hacemos. Nos hace conscientes del momento en el que nos encontramos, apreciando todo lo bueno que nos ofrece. Tanto se habla de la atención plena, de modo que tratando de dar lo mejor de nosotros/as mismas, nos hace estar concentrados y conectados con lo que estamos haciendo. 

En segundo lugar, si evitamos comparaciones, únicamente saca lo mejor de nosotros, nos hace solidarios y evita la competitividad, porque únicamente pretende ser cada día mejores, mejor preparados, con mayores capacidades y en mejora constante.  

En tercer lugar posibilita una buena vida, porque nos da satisfacción, al saber que hemos dado lo mejor que podemos en cada instante. No hay nada peor que hacer las cosas mal, con poco cuidado, sin ganas. Seguro que, cuando actuamos de esa manera, no podemos sentirnos bien, porque no estamos cuidando los detalles, no ponemos lo que sabemos. Pero, al hacer las cosas tratando de dar lo mejor, seguro que, como mínimo, nos sentimos satisfechos. 

Por tanto, vamos a ser los mejores, vamos a dar lo mejor de nosotros mismos. Sin competir, poniendo el corazón en ello, evitando comparaciones. Así la vida es mejor y seremos mucho más felices. 

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *