Existe una terrible sensación en la que algunos piensan que todo irá a peor. Seguramente tiene su origen en el entorno. Si miramos las noticias, algunas redes sociales, todo parece hostil. Es probable que pensemos que si estamos bien, en breve llegará la caída y tendremos que prepararnos para ello ¿Tremendo no?
¿Por qué no? Ser el mejor parece que, para algunos, es sinónimo de competitividad, de lucha e, incluso, se soberbia. Sin embargo, ser el mejor, puede ser una buena meta, siempre que no estemos compitiendo ni envidiando a nadie.
Nada peor que la competitividad. La sociedad, por desgracia nos invita con demasiada frecuencia a competir. No se trata de realizar una práctica deportiva, que en ese caso no estaría mal, sino en el resto de nuestra vida. Competimos para ser mejor que el vecino/a, competimos para vender/hacer más en el trabajo; competimos por una mejora laboral, competimos para ser la mejor pareja o amante, por llegar antes, por evitar la cola, por ponernos los primeros/as… casi toda la vida se pasa en pequeñas competencias.
Nuestra autoestima es clave para un buen desarrollo personal. En ocasiones tenemos depositada todas nuestras expectativas fuera de nosotros/as, en las circunstancias, en tener un buen trabajo, un éxito que nos llegará desde fuera, porque alguien nos da algo y no porque lo merezcamos. Mereces ser feliz. Por tanto, es más que importante creer en cada uno de nosotros/as, cree en ti.
Vivimos muy deprisa, no cabe duda. Los días pasan rápido, las semanas y los meses. Ya estamos en Navidad y parece que fue ayer cuando estábamos tumbados en la playa tomando sol. Sin embargo, no quería compartir una reflexión sobre lo rápido que transcurre todo, aunque sea cierto, sino de querer ir más rápido que el tiempo. Me viene todo esto a la cabeza porque escuché decir a una persona que para ver las series más rápidamente, las reproduce a 1,5 de velocidad. Las voces se oyen un poco “apitufadas” pero veo más capítulos.
Desde muchos ámbitos se nos dice que, como clave para alcanzar la felicidad, hemos de desarrollar alguna actividad de ayuda. Es decir, hacer algo por los demás, desarrollar algún voluntariado, integrarte en alguna ONG en la que ocupes tu tiempo en servicio a los demás es muy bueno para ser más feliz.
Es un hecho probado. Estoy totalmente convencido que así es. Cuando se vive para los demás, cuando se trata de ayudar a otras personas, especialmente desfavorecidas, salimos de nuestro egoísmo, de nuestro deseo de tener más, de tratar de lograr más, para servir al otro/a, lo cual produce una sensación de bienestar tremenda, porque somos una familia humana, nos necesitamos, debemos ayudarnos unos a otros y desarrollar una vida de servicio, nos llena el corazón de alegría y felicidad.
Somos expertos en dar consejos. Con mucha facilidad opinamos de los demás, decimos lo que tienen que hacer. Mi experiencia me dice que lo mejor para ti es… y así soltamos un montón de consejos gratuitos, con el intento de ayudar a otras personas, que lejos de dar una ayuda, lo que consiguen es empeorar la situación de otros.
A nadie le gusta el fracaso. Seguramente nos programan para el éxito, nunca para las decepciones. Siempre se quiere ganar, ser el primero/a, tener éxito, ser atractivo/a, que nos valoren, ser afortunados. Pero ¿qué pasa si nos va mal? ¿Estamos preparados para fracasar? Diría que no. Lo demuestra que en educación se habla, y mucho, de la resistencia al fracaso, asumir los fracasos, especialmente entre los más jóvenes quienes tienen o han tenido casi todo lo que quieren y, cuando no consiguen algo se frustran.
De esta manera empezamos algunas frases para elogiar el buen momento en el que nos encontramos, Este es mi mejor verano, mis mejores vacaciones, este ha sido mi mejor curso, este es mi mejor amigo… Sin embargo este tipo de sentencias, más que ayudar pueden perjudicarnos porque ¿después del mejor qué viene? ¿Algo peor o más mediocre? La solución está, por tanto, en el equilibrio.
Vivimos en una sociedad competitiva. Desde muchos ámbitos se nos propone ser los mejores. El número uno de la promoción, el primer clasificado o tener toda la suerte de cara. No sólo se nos exige ocupar un lugar destacado en las facetas públicas, sino que también parece necesario ser los mejores en casa, en el trabajo. Así, se nos dibuja un estilo de vida ideal que se corresponde más con un super héroe que con la realidad. Y, cuando eso no es posible, se anuncian bebidas energéticas o complejos vitamínicos para ser capaces de hacer las tareas del hogar, resolver un asunto del trabajo y hacer deporte al mismo tiempo. (más…)