Sé el albañil de tu vida

Has leído bien. Tienes que ser el albañil de tu vida.  Vale, bueno, es verdad queda más bonito “Tienes que ser el arquitecto de tu vida”, pero no, es mucho mejor ser el albañil de tu vida. Y, hasta si me apuras mucho, deberías ser el peón de tu vida.  Claro que la frase no tiene tanto enganche, ni llama la atención, ni queda tan bien en tu estado de la red social. “Soy el peón de mi vida” Queda un poco cutre ¿no? Soy el albañil de mi vida, no tiene tanto enganche, pero tiene gracia y además es lo que tendríamos que hacer. Deberíamos, sin duda, ser peones o albañiles de nuestra vida. 

Sé el albañil de tu vida

Resulta que la frase tan bonita de ser el arquitecto de tu vida, tan molona y guay que queda tan chic, si la miramos en profundidad, no tiene mucho de relevante.  Abro paréntesis, para valorar una vez más la importancia de las palabras que nos decimos. El arquitecto, diseña. El albañil y el peón construye ¿Ves la diferencia, no?

Es verdad que al arquitecto, va la obra, controla, mira, es su responsabilidad que todo se haga de acuerdo a lo planificado. Pero el no construye.  El que construye es el albañil y el peón. Esto tiene una relevancia destacable.  No basta con diseñar una vida, no basta con soñar como queremos ser, no basta con pensar en la vida maravillosa, tienes que ponerte a cargar los bloques de esa obra y a cargar el cemento y todos los materiales necesarios para la obra.  

La idea no es desprestigiar a ningún colectivo, como en este caso a los arquitectos y aparejadores que tienen una función maravillosa para que  cualquier obra salga tal como se planifica. La idea es que no basta con eso, hace falta también la mano de obra el trabajo diario, el ponerse, meterse en el barro.  

No basta con pensar, diseñar, las calles por las que quisiera ir mañana a correr, hay que ponerse la ropa y salir a la calle a recorrer las calles. No se trata de matricularse en una escuela para aprender idiomas, inteligencia artificial o cualquier otra materia.  Hay que ir a clase y currárselo todos los días.  Esa es la idea de ser el albañil de tu vida. No basta con pensar que quiero ser buen jugador como Cristiano o Messi. Ellos dedicaron mucho tiempo de su vida a entrenar diariamente antes de ser conocidos. Ese trabajo, el de albañil, el de el peón, normalmente no se conoce, no se valora, pero sí que se le reconoce con un premio al fantástico diseño —que también es importante, insisto— pero nada habría sido posible sin ejecutarlo, sin el peón ni el albañil. 

Por tanto, la idea sería dejarnos de “pajaritos preñados”, dejar de lado perdernos en diseños complicados que no van a ninguna parte para meternos de vez en cuando en el barro. No basta sólo con soñar las cosas, hay que trabarlas. No basta con querer que “nos toque la lotería”, hay que ir a comprar un número. Así que de vez en cuando, no estaría mal, ser el albañil y peón de nuestras vidas. 

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *