El dicho no dice eso, sino justo todo lo contrario. Hoy, parece que lo que vale es el individualismo y el estar bien yo, cuidarme yo, tener buen físico yo, comer bien yo, viajar yo con quien yo quiero a donde yo quiero y hacer lo que me plazca. Sin embargo, ahí no encontramos la felicidad, sino que se demuestra que las personas más felices y longevas son aquellas que tienen buenas y largas relaciones. Por tanto, peor solo y mejor bien acompañado. Aunque no hay que quitarle mérito al dicho, antes que estar en una relación tortuosa, que nos agobia, que no nos permite ser felices… pues mejor solos/as, que estar aguantando estupideces.

Vamos a ver algunas razones por las que es mejor estar acompañados. La primera de ellas es la propia naturaleza del ser humano. Somos seres sociales. Y no hay mucho más que añadir. Nuestras normas, comportamiento, cultura, lo que aprendemos… todo viene dado por lo que hemos ido aprendiendo de los demás, de la relación con otros/as. Desde muy antiguo, los grupos se estructuraron para la convivencia y el trabajo colectivo. En los primeros grupos de pobladores sabían que si te quedabas solo/a, te perdías o te expulsaban de tu grupo, tenías la muerte asegurada. No podrías sobrevivir individualmente.
Nuestra propia biología. El ser humano es de las pocas especies que, sin el cuidado de otras personas tras el nacimiento, no podemos sobrevivir. Necesitamos cuidadores que nos alimenten y que nos protejan. De esas personas aprendemos el habla, el comportamiento, las normas sociales y nuestras primeras ideas que se arraigan fuertemente en nuestro ser y que nos constituyen durante nuestra existencia.
Una vida feliz en compañía y con propósito. Son numerosos los estudios que nos hablan de los ingredientes clave para una vida más plena. Hay muchos aspectos secundarios que pueden hacerte más o menos feliz. Sin embargo, se ha encontrado que tener una o varias relaciones sólidas es una clave importante.
Es probable que conozcas alguna pareja que, cuando fallece uno de sus miembros, al poco también lo hace el otro. ¿Por qué sucede esto? Seguramente la razón será la pérdida de esa compañía de la que se beneficiaban y disfrutaban. Al faltar uno de los miembros y quedar sin ninguna otra relación, todo se debilita y fallece. Puede mantener el espíritu el propósito. Por eso también es un ingrediente importante. Cuando nos quedamos solos/as podemos seguir adelante porque aún nos quedan cosas por las que luchar y que nos motivan a levantarnos cada mañana.
Entonces la pregunta es obvia: ¿Por qué se venera y se exalta hoy el individualismo? Porque somos más manejables. Hay otro refrán popular que da en el clavo: «divide y vencerás». Una sociedad sin relaciones, más individualizada en la que cada cual va a lo suyo es más manipulable e influenciable. Si no hay relaciones, si no hay agrupamientos, si no hay socialidad, es mucho más fácil que hagan con nosotros lo que queremos. Así que reivindiquemos lo colectivo, las relaciones sanas y maravillosas, la compañía y la amistad por encima de cualquier cosa. No por vivir más, sino por vivir bien el tiempo que nos toque, porque por mucho que nos quieran hacer creer es peor estar solo. Es mejor estar bien acompañado.
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