¿Cuánto te quieres?

Seguramente poco. Y la cuestión es ¿por qué nos queremos tan poco? La verdad es que si lo consideramos en profundidad nos queremos poco y mal. ¿Te has fijado en las cosas que te dices? Que sí un desastre, que sí no doy una, soy incapaz, todo lo hago mal… entre otras lindezas que cada día se nos pasan por la cabeza. Y es por eso por lo que quizá, no sé si como propósito de año nuevo, deberíamos aprender a querernos un poco. 

La primera clave para querernos un poco es la aceptación. No tienes que compararte con nadie, no tienes que ser igual que nadie ni mejor que nadie. Si hay alguna comparación posible es con uno/a mismo/a para tratar de ser mejor cada día, para tratar de mejorar o cambiar aquellas cosas que nos apetezca cambiar.  

Pero, pero, pero… todo empieza por aceptarnos, por querernos un poquito, por entender que somos únicos e irrepetibles; maravillosos y geniales. No hay nadie igual que tú. No hay nadie tan fantástico como tú y como yo, puesto que por más que busques no vas a encontrar dos personas iguales. Puede que encuentres a algunos que son afines o parecidos, pero iguales, lo que se dice iguales, no habrá nadie.  

El no aceptarnos está en la base de muchos comportamientos complicados. No aceptarse significa que nuestra brújula personal esté desconfigurada.  No tiene muy claro cuál es nuestro rumbo, hacia dónde vamos y lo que queremos. No podemos trazar un camino, no podemos saber hacia dónde vamos. Como dice el refrán «ningún viento es favorable si no sabes hacia dónde te diriges».

Si quieres tener una buena vida, si quieres ser un poco más feliz, antes de mirar hacia afuera, hacia lo que opinan los demás, hacia lo que dicen las modas, lo que nos indica todo el mundo exterior, primero tenemos que mirar hacia adentro. 

Pero cuidado, aceptarse, nunca significa resignarse. Ni de lejos. Aceptarse significa que tenemos una serie de condiciones maravillosas que nadie tiene parecidas a las nuestras.  Aceptarse significa conocernos, saber cuáles son nuestros dones, nuestras virtudes y defectos para poder transitar por el camino de la vida.  Eso no supone que, si hay algo que deba cambiar o mejorar, tenga que aceptarlo sin más. No es resignación o pensar que «esto es lo que me ha tocado y así me voy a quedar». No, no es inmovilismo, no es aguantarse.  Aceptarse es quererse, es conocernos, para saber qué cosas son buenas y no tanto para decidir qué hacer con ellas. 

Aceptarse es una opción interior, una decisión.  Equivale a decidir claramente que nos amamos con nuestras imperfecciones mejorables y con todo lo que somos sin compararnos ni desear ser como… Es un proceso, se trata de descubrirnos y a partir de ahí decidir qué hacer con ello. La aceptación y amarnos no pueden nacer de lo que vemos de otras personas. Ni por lo que nos digan que debemos ser, ni porque nos guste un personaje de moda o porque tenemos que tratar de imitar a esa persona a quien admiramos. 

Toca, en este comienzo de 2026, amarnos, aceptarnos y querernos. Si tú no te quieres, ¿quién te va a querer? Si nos tratamos bien, si nos queremos, seguramente los demás también nos querrán. A nadie le gusta estar con quien tiene una autoestima baja o es negativa. Siempre nos llama la atención aquellas personas que se aman, que tienen las cosas claras, que muestran cierta independencia, las percibimos como más felices y admirables. Convertirte en una de esas personas depende en gran medida de ti. ¿Te animas a intentarlo? 

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