Vamos demasiado rápido, ¿no crees? Más ahora que pasó la Navidad y ya estamos con el Carnaval encima. Es como un sinvivir, como dirían algunos. Parece como si fuéramos a 200 kilómetros por hora en la autopista, todo el rato y con deseo de parar, de salir, de detenernos en un área de servicio y tomarnos un descanso, respirar. Pero parece que hay algo que nos obliga a mantener pisado el acelerador a fondo, siempre, todo el rato, sin mirar atrás y sin disfrutar del paisaje.

Frente a esa velocidad existe una vida desde el aprecio. Parece una palabra sencilla, pero que tiene mucho trasfondo tanto en el ámbito de nuestra vida diaria como en relación con las demás personas, el medioambiente, la sociedad, el tiempo. ¿Te gustaría conocer cómo es una vida vivida desde el aprecio? Eso nos permitirá vivir mejor, con más serenidad y calma. Te propongo algunas claves:
El primer aprecio básico es el personal. Toda persona tiene una necesidad de ser apreciada por lo que es y por lo que hace. Por tanto, hay que desarrollar el aprecio personal en clave de decirnos con frecuencia: “me encanta mi persona”, “hago las cosas lo mejor que puedo y sé”. Deja de castigarte con frases negativas del estilo “Soy un desastre, todo me sale mal, nunca voy a conseguir…” porque no te llevan a ninguna parte, disminuyen tu aprecio y también minan tu autoestima.
El aprecio personal nos lleva a mostrar aprecio por los demás. Valoremos y demos gracias por las personas que nos rodean. Por nuestra familia, nuestros compañeros/as de trabajo, por nuestros amigos. Vivir desde el aprecio hacia las demás personas es vivir agradecidos por su trabajo o su compañía. En algunas ocasiones me quedo admirado por el trabajo de un barrendero, de un limpiador/a que hace. Valoro su trabajo y lo aprecio… y simplemente doy gracias al pasar junto a esas personas. Aprecio y valoro su trabajo.
El aprecio por el medio ambiente es otro ámbito maravilloso en el que, con frecuencia, deberíamos valorar esos espacios. El mar, el monte, un parque, los animales, cualquier ser vivo que realiza su función, es importante y sentir aprecio hacia ellos es maravilloso. Mirar y valorar cómo realiza su trabajo, su movimiento o cómo el mar bate en la costa, tranquilamente, valorando una auténtica maravilla que supone todo el mundo natural que nos permite la vida.
Aprecio por el momento presente. La sensación de la que hablaba al principio, como algunos sienten que la vida va muy rápido, se puede frenar algo con el aprecio del momento presente. Cuando nuestra mente divaga —que lo hace con mucha frecuencia— hay que traerla al momento actual. La forma más fácil es atendiendo a lo que está pasando. Dejar el móvil y las distracciones para centrarnos en el ahora. Para mí, la técnica que más me funciona es la descripción. Cuando noto que me estoy yendo a otros mundos, hago una descripción del lugar donde estoy, miro el color de las cosas, leo las matrículas de los coches, miro el color del mar o las nubes y me las describo a mí mismo. Me trae a este momento y me hace estar más consciente y apreciar cada segundo que vivo.
Con todo… Una vida desde el aprecio es una vida más sencilla, más pausada. Para practicar el aprecio, primero tienes que valorarte. Recuérdate de algún modo cada día que eres una persona maravillosa y única. Eso nos lleva a vivir el aprecio hacia los demás… Valora a tu familia, amigos y a todas las personas con las que te encuentras. Finalmente, aprecia todo lo que te rodea, el lugar donde vives, tu casa, tus calles, el parque, el mar, el monte. Y termina tratando de estar presente siempre que puedas, trayendo a tu mente al momento actual… ¿Te atreves?
Deja una respuesta