Las profecías se cumplen… 

Cuando quieres que se cumplan, si no, pues a lo mejor suceden, se cumple lo que se había profetizado, pero como no estamos pendientes de ellas, pues poco caso le hacemos a eso y nos da un poco igual… Sucede que, cuando pensamos de forma más o menos continua: me voy a equivocar, me voy a equivocar y llega el momento y, obviamente te equivocas, si piensas que me va a salir mal, me va a salir mal o voy a suspender, voy a suspender… sin duda… La profecía se cumple. 

Cuando pensamos que todo ira bien…

Pero vamos a ponernos un poco más modernos. Eso de las profecías suena a historia medieval, rara de conjuros, brujas y personas que hacían maleficios a los muy malos malotes o a los buenos para conseguir algo. Hoy en día es más chic y moderno hablar de sesgo de confirmación. 

El sesgo de confirmación es una «limitación» —porque lógicamente nos limita en la capacidad de decisión, de generar nuevas posibilidades y de innovar— que consiste en la tendencia de algunos/as a confirmar aquellas creencias o teorías previas que teníamos antes de que suceda lo que tiene que ocurrir. 

Te lo dije 

¿Quién no ha escuchado esta afirmación? Nuestros padres a modo de reproche, el superior que quiere darnos una lección, un amigo/a que confirma efectivamente que se iba a cumplir aquello que había pronosticado. —¿No te decía que en la comida de empresa lo íbamos a pasar mal?— O también: «Te dije que miraras la rueda de repuesto porque en vacaciones, siempre se nos pincha alguna» o «sabía que los niños se iban a comportar mal en la reunión de la familia». Te lo dije, te lo dije y te lo dije.  

Profecías que se cumplen por parte de don o doña Sabelotodo que dirige los destinos del universo y que es capaz de adivinar con precisión lo que ocurrirá en el futuro ¿O tal vez que ya estamos predeterminados para que esas cosas sucedan? ¿O es que vamos pensando que lo vamos a pasar mal en el encuentro con la familia este verano y así ocurre?

Sinceramente, las profecías o el sesgo de confirmación son un asco. Como decía al principio, nos limitan, no nos dejan disfrutar de la vida, nos agobian, no nos permiten vivir felices porque «ya sabemos lo que va a ocurrir». Si voy a un encuentro pensando que lo voy a pasar mal… ¿Qué va a pasar? ¿Si me voy de vacaciones pensando en las últimas en las que se nos pinchó una rueda, nos cayó un rayo, se nos quemó el apartamento y se hundió la piscina… ¿Qué va a suceder? Justamente: TE—LO—DI—JE. En mayúsculas y dicho despacito, vocal a vocal. 

Alternativa a las profecías o sesgo de confirmación 

La mentalidad positiva ¡¡y una caca como una vaca!!  No. Porque si tu primo te cae mal y no te llevas con él, por mucha psicología positiva, buen rollito y relajación, meditación y todo lo que quieras, te va a seguir cayendo mal y es inevitable. Y si voy con todo mi buen rollo —aunque algunos le puede funcionar— puede que pase algo que igualmente nos toque las narices. 

Soy más partidario de una opción neutra. Ni pensando súper mega guay positivo fingido que no se lo cree nadie —ni tú mismo/a y al final se acaba notando— ni pensando que nos va a caer un piano encima en esa cita a la que acudimos. Entonces, ¿qué es una posición neutra? Se trata de ir como un aventurero/a a la selva. No sabes qué te vas a encontrar. Sabes que habrá cosas buenas y malas. Pero me voy a sorprender. Sabes que habrá bichos y peligros, pero también un paisaje maravilloso y con esa actitud me voy de vacaciones, al encuentro familiar, a la comida de amigos, o a lo que sea.  Ni pensando que me va a ocurrir todo lo malo, ni fingiendo que todo es súper happy wonderful. Sino con un bloc de notas en blanco dispuesto a rellenarlo con vivencias, vistas con el ojo del explorador que se deja sorprender y disfrutar de ellas. Así puede que haya profecías o no, pero disfrutaremos intensamente de cada maravilloso momento que nos presenta la vida. 

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