El papel positivo de las emociones negativas 

Parece otra burrada contradictoria, pero no lo es.  Tus emociones no están aquí para hacer tu vida más difícil, sino para decirte algo. Sin ellas, no podrías crecer. A veces no nos gusta sentir nada malo, sino que preferimos un estado de felicidad y bienestar ¡A todo el mundo le gusta estar happy todo el día! Pero la vida no es así,  nuestra vida no es así, porque nos encontramos de todo.  Tenemos cosas buenas y malas, tenemos momentos mejores y peores, tenemos situaciones con las que vivimos mejor y otras peor. No existe, o al menos no debería existir, una vida siempre feliz, siempre happy —por mucho que nos lo quieran hacer creer—, como tampoco existe, ni debería existir una vida que es un drama continuo, porque sería insoportable. 

Aunque siempre hablamos de lo positivo, no cabe ninguna duda que las emociones negativas, existen para algo.  Pensemos en las emociones negativas como el dolor físico o la fiebre. Nos están indicando algo.  Las emociones negativas, no vienen para fastidiarnos, para hacernos para un mal día o un mal momento, sino para advertirnos de cosas. Lo que no es normal, o al menos no debería serlo, es quedarnos anclados en esas emociones negativas, ni recrearnos en ellas, sino atender el mensaje que no están transmitiendo, que siempre nos dicen muchísimas cosas… 

Cuando por diferentes motivos nos sentimos mal, nos encontramos apáticos, tristes, negativos, tenemos miedo, tenemos ira… son sensaciones que nos están diciendo cosas.  Quizá, al sentir esas cosas deberías preguntarnos ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué me siento así? ¿Qué situaciones tengo para que me sienta de ese modo ahora? Claro está, que cuando nos da un ataque de ira, no es fácil parar y pensar en lo que nos sucede.  Hay momentos en los que, obviamente, no nos podemos parar a pensar. Pensemos en la protección del miedo, nos advierte que hay una situación que hemos de tener en cuenta, un peligro o cualquier otra situación.  Ante una situación de miedo, porque nos vamos a caer de un precipicio no podemos preguntarnos porqué nos sentimos así, es obvio. La idea es más bien es reparar en sensaciones que nos da el cuerpo, cuando hay tristeza, cuando hay ira, cuando hay emociones más o menos frecuentes… que se repiten cada cierto periodo, igual deberíamos escuchar lo que no está tratando de decir.

¿Qué me quiere decir?¿Qué me está pasando?

La clave, probablemente es el diálogo interior.  Hemos saber, no sólo distinguir las emociones, sino hablar con ellas ¿Qué me quiere decir esta emoción? ¿Por qué me siento así? En el momento en el que se produce, es probable que nos cueste distinguirla, pero cuando pasa el tiempo, con calma, reposadamente, sí que podemos valorar lo que sucede. Pero eso sólo mediante el diálogo. 

Si seguimos tirando de ese hilo, nos encontramos que, el diálogo necesita silencio y espacios de interioridad. Por eso es que hemos de promover esos momentos de silencio durante el día. De ese modo podemos identificar lo que sucede y tratar de ver cómo solucionarlo. 

Con todo, las emociones negativas no son tan malas. Lo malo, insisto, es quedarnos anclados en la ira, el miedo, la tristeza, el asco… sino ver que nos están queriendo decir.  No se puede responder con ira a todo lo que nos curre cada día. No podemos permanecer en estado de melancolía continua. No es sano. No es bueno. Así, la clave será, preguntar, dialogar y actuar. Preguntarnos en nuestro diálogo interior ¿Qué sucede? Hablar, dialogar, con eso que nos sucede y actuar para tratar de arreglarlo. 

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