En la vida tenemos algunas drogas buenas. La retroalimentación es una de ellas. Nos produce cierto bienestar el que seamos capaces de nutrirnos de experiencias que pueden hacer la vida mejor. Recientemente hablábamos de la fuerza de voluntad o de la escasez de esta. Alguien proponía «no tengo fuerza de voluntad ninguna, me resulta casi imposible hacer una dieta, aprender algo nuevo o hacer deporte. Es como si toda la desgana para todo me invadiera.

También la pereza se retroalimenta de sí misma. Cuanto menos hacemos algo, menos ganas tenemos. Parece un disparate, pero es así. Lo primero que se necesita es algo de motivación, una chispa, un deseo de empezar algo. Luego, emprenderlo, claro y luego la fuerza de voluntad para mantenerlo en el tiempo.
Es seguro que las motivaciones aparecen cada día para muy variadas cosas. De pronto se nos ocurre que podemos empezar a hacer deporte, la dieta, leer, escribir, pintar, tocar un instrumento. Todas esas cosas que muchas veces nos proponemos, es posible que las comencemos pero enseguida abandonamos, porque hay quien dice que no tenemos la suficiente motivación.
La clave está en continuar. Del mismo modo que nos cuesta prepararnos la comida, pero lo hacemos; lavar la ropa, pero se hace; asearnos… y todas esas cosas habituales, con un hábito, con algo que nos cueste es normal que le pongamos más pegas y lo dejemos. Sin embargo, cuando se mantiene en el tiempo, esa actividad toma fuerza y se mantiene. Algunas claves para comenzar y mantener la fuerza de voluntad:
Adherencia. Únela a otro hábito que ya tengas. Si quiero hacer deporte, pues lo hago siempre después de salir del trabajo o de salir de clase. Es algo que ya está consolidado, porque forma parte de mi vida, pues lo coloco ahí. Cada día cada vez que hago esto… después me toca eso que nos cuesta.
Hacerlo visible. Es otra clave de los hábitos. Si quieres tener el hábito de hacer deporte por la mañana. Deja sobre la silla o en el perchero, donde coloques la ropa del día siguiente, la ropa de deporte. Así será lo que verás y será mucho más fácil. Si tienes que buscar la ropa, si está en el cajón donde casi nunca vas… será más complicado y dará mucho más pereza.
Valórate. Cada pequeño paso, date premios. Por supuesto que no sean contrarios a lo que quiere lograr. Si quieres hacer dieta y hacer deporte, lo que no puedes es darte un premio de una tableta de chocolate. Pero quizá un trozo, si. Claro que coger sólo un trozo, requiere fuerza de voluntad ¡Vaya problema! Pues vuelve a valorarte y desafiarte. Pregúntate ¿A qué soy capaz de sólo tomar un trozo de chocolate y no media tableta? Cuando lo consigas ¡elógiate internamente! ¡Soy increíble, capaz de controlar y tomar solo lo que necesito y no más!
Cuando van pasando los días, verás que te sientes mejor, que ya has conseguido una pequeña meta, verás que están en disposición de alcanzar otras y así la fuerza de voluntad va creciendo, creciendo y creciendo… hasta tener una actitud super potente y maravillosa ¿te atreves a entrenar tu fuerza de voluntad?
Deja una respuesta