Entre lo improbable y lo imposible 

No es probable que lo consigas ¿pero es imposible? — Bueno, imposible, imposible… no. Entonces habrá que intentarlo. Con bastante frecuencia nos desanimamos, porque no se dan las circunstancias adecuadas, porque no había muchas probabilidades, porque era complicado y simplemente nos fuimos desanimando hasta dejar de intentarlo. Sin embargo, el éxito llega casi siempre en esa fina línea entre lo improbable y lo imposible. 

Lo improbable hemos de buscarlo. Con esfuerzo, con trabajo, con buen ánimo. Lo imposible, podemos descartarlo.  Lo imposible, por ejemplo, puede ser que consigamos el record del mundo de los cien metros lisos.  Si tenemos una edad y sin práctica ninguna, está claro que no lo conseguiremos. Lo improbable, sería que cambiáramos de trabajo.  Puede que no esté dentro de nuestros planes, pero se nos presente una buena oportunidad y la aceptemos.  

La clave es que, si hay una mínima oportunidad hay que intentarlo. Aunque parezca imposible y sea bastante improbable, porque la cuestión es que damos demasiadas cosas por imposibles, cuando simplemente son poco probables. 

¿Cuántas veces no nos decimos es imposible que aprenda a tocar un instrumento o aprender algo nuevo, leer un libro? Sencillamente nos encasillamos en los imposibles, cuando no es así. Simplemente es que no lo hemos intentado. Así de sencillo. Si no lo intentas, si no le damos una mínima oportunidad, es casi seguro que no lo consigamos.  

Por tanto la apuesta de esta semana será plantearnos esa pregunta con frecuencia ¿Es imposible? No. Seguramente, imposible no, pero improbable si. Bien, pues si es poco probable, vamos a cambiar las estadísticas.  Vamos a hacer lo posible por llegar a ese lugar y no rendirnos pensando y poniendo excusas, por lo que consideramos poco probable, pero hay un mínimo de posibilidad. 

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