Fuimos felices sin darnos cuenta

El otro día viendo una película en la que una persona se enfrentaba a sus últimos momentos de vida, por una enfermedad y viendo fotografías y videos del pasado, pronunció esa frase: éramos felices pero no nos dimos cuenta. La verdad que impactó la frase y surgieron muchas preguntas: ¿Por qué esperamos el momento de gran felicidad mientras suceden otros tantos pequeños maravillosos? ¿Por qué no disfrutamos de los instantes de felicidad que nos brinda la vida? Y otros muchos más.

Algunas personas cuando llegan al culmen de su vida, se encuentran con interrogantes profundos y con la sensación de no haber disfrutado lo suficiente. Hace años se hizo muy popular lo que una enfermera, que cuidaba personas mayores, publicó sobre los arrepentimientos al final de la vida. En ella una de las cosas de las que se lamentaban sus pacientes era el no haberse permitido ser felices. Sin embargo, tenemos la sensación que en realidad lo que sucedía es que fuimos felices sin darnos cuenta.

El gran problema de la felicidad consiste en que nos pasamos la vida esperando la gran felicidad que nunca llega. Esperamos ser felices cuando tengamos nuestro vehículo propio, luego cuando nos independicemos, luego cuando tengamos pareja. Cuando estamos en los trabajos o los estudios esperamos la felicidad del fin de semana, también añoramos los puentes y las vacaciones, porque ahí seremos felices. Sin embargo todos esos momentos llegan y pasan de largo y la felicidad no aparece, porque no nos dábamos cuenta que éramos felices en esos momentos.

Así se pasa la vida y llegamos a la madurez y, cierto día repasamos fotos antiguas o vídeos y resulta que nos damos cuenta, tal como sucedía en la película: fuimos felices y no lo sabíamos. Por tanto la felicidad se encuentra en nuestro día a día, en las cosas sencillas en lo que hacemos a diario. Mientras trabajamos o fregamos la loza; al hacer la colada, cuando paseamos o nos sentamos a descansar en la tarde.

Un sencillo truco para disfrutar de esos momentos de felicidad, consiste en decírtelo. Si, díselo a ti mismo: ¡Qué feliz soy ahora! En lo quiera que estés haciendo. Si nos acostumbramos a ser felices en las pequeñas cosas, nuestra felicidad se multiplicará exponencialmente. La razón es muy sencilla y fácil de entender:

Si tu felicidad la depositas en el fin de semana, en las vacaciones o en momentos muy puntuales, es probable que tengas esos instantes de felicidad, pero serán pocos. De manera práctica: me planteo que seré feliz en el fin de semana cuando salga de fiesta con mis amigos. Bien ¡Perfecto! Tengo un momento de felicidad en el fin de semana. Sin embargo, si me planteo hoy seremos felices mientras hacemos deporte, mientras trabajamos, mientras escribimos esto, mientras recogemos la casa, mientras hacemos la cama… Tendremos un montón de momentos felices al día. Sin embargo, de la otra manera sólo será un momento de felicidad en semana y el resto será un martirio.

Por tanto aprendamos a ser felices en cada momento: Díselo a tu mente, en tu diálogo interno: estamos siendo felices ahora, en cualquiera que sea tu actividad, para que no pase como al protagonista de la película que al final de tus días digas: fuimos felices y no lo sabíamos.

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