Dicen que vivimos en la sociedad de la charlatanería, donde se habla mucho y se dice poco ¿Será verdad? Es cierto que hay mucha información, muchas personas que hablan de lo mismo con ideas opuestas, encontradas e, incluso violentas. Al parecer quien más grita o quien tiene más adeptos a su favor, es quien tiene la razón, por eso parece que gana fuerza esa idea de quien no habla mucho tiene menos que decir. Es por eso que el silencio, puede ser en ocasiones una buena forma de ser y estar.

Cada vez que abordamos este tema, no puede dejar de venirme a la mente un antiguo relato en el que el sabio maestro, estando con su discípulo en un descampado en meditación, le dice a su discípulo: “por ahí viene una carreta vacía” El discípulo sólo escucha y no pregunta. Al cabo del rato el maestro vuelve a hablar: “Por ahí llega una carreta llena”. El discípulo, aunque extrañado no dice nada. Y así durante la jornada, el maestro sólo va enumerando en meditación y con los ojos cerrados, las carretas llenas y vacías.
Al terminar la jornada el discípulo, intrigado, obviamente pregunta al maestro: ¿Cómo sabes qué carretas van llenas y cuáles vacías? El Maestro responde: “Sucede como con las personas, las carretas vacías hacen muchísimo ruido, porque no llevan carga y se escuchan sus tablones sueltos y sus tuercas libres. sin embargo, las llenas no hacen ruido. Así sucede con las personas aquellas que están llenas están en silencio, tranquilas, sin hacer ruido y, a veces las personas vacías son muy ruidosas.
Hablar poco y bien. «Deja que el silencio sea tu objetivo en la mayoría de las ocasiones; di solo lo que sea necesario y sé breve. No necesariamente todos los silencios tienen que ser completados con palabras o con ruidos Lo ideal de la comunicación es hablar lo necesario. Dejemos espacios para el silencio, para la interioridad, para la reflexión, para que hable nuestro interior.
Hay personas que no soportan el silencio y que continuamente tienen que tener siempre algún sonido de por medio, la música, la televisión, hablando o de cualquier otra manera. Sin embargo los silencios son curativos y maravillosos. Es bueno, por tanto saber cuando hablar y cuando guardar silencio, pero sobre todo hablar la mitad de lo que escuchamos. Como bien se asegura hace tiempo, si tenemos dos orejas es porque debemos escuchar el doble de lo que hablamos ¿te atreves?
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