Categoría: Reflexiones

  • Cuando se vayan los problemas, seré feliz 

    Pues no.  Con sus dos letras N y O. Seguramente es algo que sabemos, pero que no nos acaba de entrar en la cabeza. La cuestión es que posponemos todo o casi todo. Por lo que he hablado con mi “cocorota”, a ella le encanta estar tranquilita, sin que la molesten, en paz.  Disfruta muchísimo tumbada en la hamaca tomando un refresquito y que alguien la abanique.  Entonces, si aparece un problema, un reto o cualquier situación: pues ya más adelante lo veremos. Y así se nos instala en la cabeza que “mañana, si eso, vamos viendo…” Total que posponemos nuestra felicidad para más adelante. Ahora no soy feliz porque estoy agobiado/a en el trabajo… ahora no soy feliz porque estoy con exámenes… ahora no puedo estar feliz porque tengo que pensar en lo que voy a hacer de comer… ahora no soy feliz, porque tengo muchas deudas y cuando solucione “ya sí  eso” ya seré feliz. 

    ¿Cuando no tengas problemas serás feliz?
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  • La vida es un riesgo

    ¿Cuándo fue la última vez que corriste un riesgo? ¿Cómo te fue?

    Una vida apacible es lo que le gusta a nuestra mente, así que lo mejor será vivir apasionadamente, como si fuera un riesgo. Creo que arriesgarse físicamente puede ser un problema porque pone en peligro nuestra integridad física, pero arriesgarnos a cambiar, a mejorar, a crecer, no es una cosa sencilla. Creo que debiéramos correr riesgos cada día. Una vida sin riesgos, es una triste vida.

    No hay que ponerse en peligro para correr riesgos

    Es un riesgo levantarte temprano en la mañana y salir a hacer deporte en un fin de semana, porque lo adecuado es quedarte durmiendo hasta tarde. Es un riesgo ponerte a leer un libro, porque lo que algunos considera normal es ponerte a ver series en televisión. Es un riesgo cualquier desafío que trastoque lo ideal. Me gustan ese tipo de riesgo más que decir hice un salto de un millón de metros, me tiré en parapente o corrí una maratón. Esos riesgos los realizamos de vez en cuando, pero el riesgo de ir contracorriente, de desafiar lo que algunos consideran “adecuado y normal” es super arriesgado hoy en día.

    Hay otro riesgo muy grave el de decir no, cuando realmente no te apetece algo o de decir sí, cuando lo deseas. Hoy nos dejamos llevar por lo que nos imponen, por lo que decide la mayoría y no somos capaces de arriesgarnos y cambiar, salir, desafiar. Creo que deberíamos correr más riesgos habituales y dejar los riesgos que nos pueden complicar la vida físicamente para otra ocasión.

    ¿Cómo te sientes? Evidentemente bien. Estupendamente bien. Cuando corres el riesgo de levantarte antes, de salir a pasear, de leer un libro porque realmente te apetece, te sientes igual que si hubieras saltado desde lo alto de un precipicio y, seguramente, la satisfacción será parecida…

    Arriésgate a ser tu, a ser diferente, a estar coordinado con tu corazón y con tu vida

  • El arte de elegir bien

    Continuamente elegimos. Seguro que ya lo sabemos, no es una novedad. Sin embargo, lo realmente importante es saber elegir.  En muchas ocasiones, en la mayoría, se podría decir, no elegimos de manera consciente ni conveniente.  Es, probablemente, porque vamos casi siempre en piloto automático. Nos dejamos llevar por las circunstancias, por lo que nos rodea y así, no elegimos demasiado. Pero resulta que en nuestras elecciones “se nos va la vida” como se suele decir. Elegir bien, elegir de manera responsable y consciente, es clave para nuestra vida.  

    El arte de elegir bien
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  • Un paso más hacia el autoconocimiento

    Conócete a ti mismo es una frase atribuida a Sócrates y que está escrita en el Templo de Apolo en Delfos, que nos invita a la introspección. Lógicamente tenemos y debemos conocernos. Sin saber cómo somos, qué queremos, no podemos encontrar la felicidad. Es un poco como ir a ciegas. En el caso del amor, se suele decir que no podemos amar a otros/as si no nos amamos primero. No podemos comprender el mundo sin comprendernos primero. Seguramente si me conozco, si sé de qué van mis sentimientos y emociones, podré, por analogía, saber cómo son los demás.

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  • Lo que te enfada, te controla

     Consideramos absolutamente normal enfadarnos por cosas que suceden en nuestro día a día. Somos humanos y no podemos evitar que una situación injusta nos moleste y nos enfade. «es que me saca de mis casillas», «es que no lo puedo evitar» En alguna ocasión, además, normalizamos los ataques de ira. «Es normal después de lo que le hicieron» o ·está justificada la venganza, por todo lo que tuvo que soportar» Y así podríamos añadir una lista de justificaciones para nuestros enfados que, algunos/as consideran absolutamente normal. 

    Lo que nos enfada nos controla
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  • La soledad es buena consejera

    Nacimos solos y morimos solos. Vivimos solos . Bueno, me dirás que no, que no vivimos solos, sino que casi siempre estamos acompañados. Vivimos solos porque nadie puede vivir nuestra vida por nosotros/as. Somos los que tenemos que tener la conciencia de nuestra propia vida, algo que no pueden hacer otros/as. Es por eso que contradecimos el refrán para decir que la soledad es buena consejera. Tenemos el deber y la obligación de desarrollar una buena vida en soledad. Si no estás bien contigo mismo/a, ¿entonces con quién?

    Estar a solas de vez en cuando está bien
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  • Una vida desde el aprecio

    Vamos demasiado rápido, ¿no crees? Más ahora que pasó la Navidad y ya estamos con el Carnaval encima. Es como un sinvivir, como dirían algunos. Parece como si fuéramos a 200 kilómetros por hora en la autopista, todo el rato y con deseo de parar, de salir, de detenernos en un área de servicio y tomarnos un descanso, respirar.  Pero parece que hay algo que nos obliga a mantener pisado el acelerador a fondo, siempre, todo el rato, sin mirar atrás y sin disfrutar del paisaje.  

    Apreciar lo que nos rodea…
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  • Peor solo, mejor bien acompañado

    El dicho no dice eso, sino justo todo lo contrario. Hoy, parece que lo que vale es el individualismo y el estar bien yo, cuidarme yo, tener buen físico yo, comer bien yo, viajar yo con quien yo quiero a donde yo quiero y hacer lo que me plazca. Sin embargo, ahí no encontramos la felicidad, sino que se demuestra que las personas más felices y longevas son aquellas que tienen buenas y largas relaciones. Por tanto, peor solo y mejor bien acompañado. Aunque no hay que quitarle mérito al dicho, antes que estar en una relación tortuosa, que nos agobia, que no nos permite ser felices… pues mejor solos/as, que estar aguantando estupideces.

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  • ¿Cuánto te quieres?

    Seguramente poco. Y la cuestión es ¿por qué nos queremos tan poco? La verdad es que si lo consideramos en profundidad nos queremos poco y mal. ¿Te has fijado en las cosas que te dices? Que sí un desastre, que sí no doy una, soy incapaz, todo lo hago mal… entre otras lindezas que cada día se nos pasan por la cabeza. Y es por eso por lo que quizá, no sé si como propósito de año nuevo, deberíamos aprender a querernos un poco. 

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  • Ser feliz a pesar de…

    Podemos poner en los puntos suspensivos cualquier cosa. Lo que queramos, todo aquello que nos imposibilita la felicidad o que nos hace un poco —o un mucho— infelices. Los problemas, esa relación complicada, el trabajo, el estrés, los políticos corruptos, el desempleo, la falta de recursos, el no llegar a fin de mes, el no poder cumplir con todos los compromisos y no poder llegar a todo, esa relación tortuosa, el pasado terrible o el futuro incierto.  La cuestión es tratar de ser felices a pesar, o mejor dicho, con todos esos ingredientes. Cosa que no es fácil ni muchísimo menos. Pero si nos pasamos la vida esperando a que cambie en esa relación, a que tenga más recursos, a que encuentre un trabajo, a que tenga todo aquello que anhelamos, seguramente, no seremos nunca felices, cosa que, me da la sensación, ocurre con mucha frecuencia. 

    Ser feliz con lo que tenemos…
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