Cuando se vayan los problemas, seré feliz 

Pues no.  Con sus dos letras N y O. Seguramente es algo que sabemos, pero que no nos acaba de entrar en la cabeza. La cuestión es que posponemos todo o casi todo. Por lo que he hablado con mi “cocorota”, a ella le encanta estar tranquilita, sin que la molesten, en paz.  Disfruta muchísimo tumbada en la hamaca tomando un refresquito y que alguien la abanique.  Entonces, si aparece un problema, un reto o cualquier situación: pues ya más adelante lo veremos. Y así se nos instala en la cabeza que “mañana, si eso, vamos viendo…” Total que posponemos nuestra felicidad para más adelante. Ahora no soy feliz porque estoy agobiado/a en el trabajo… ahora no soy feliz porque estoy con exámenes… ahora no puedo estar feliz porque tengo que pensar en lo que voy a hacer de comer… ahora no soy feliz, porque tengo muchas deudas y cuando solucione “ya sí  eso” ya seré feliz. 

¿Cuando no tengas problemas serás feliz?

Así vamos posponiendo nuestra felicidad que nunca llega.  Y no es que lo diga yo. Además lo dice gente que sabe mucho del tema.  Un titular me llamó la atención esta semana: Javier Schlatter, especialista en psiquiatría de la Universidad de Navarra, dijo que: “uno de los errores más frecuentes entre sus pacientes es pensar que solo se puede ser feliz cuando desaparecen los problemas”. Pues no. 

La vida es ahora. La felicidad es ahora, la felicidad no está ubicada en el pasado ni en el futuro. Es aquí y ahora donde podemos encontrar la única felicidad posible.  También es verdad que podemos recordar momentos felices. Pero no son la felicidad, son simplemente recuerdos.  La felicidad, si la quieres, la tienes que tomar ahora mismo. No hay más felicidad que la presente. La felicidad del futuro es imposible disfrutarla.  La felicidad del pasado es simplemente un recuerdo. Cuando único puedes ser feliz es hoy, es ahora y posponerla es un error que nos hace claramente infelices.  

Pero insisto en que no es nada fácil ¿Por qué? Por lo que señalaba al principio: nos gusta estar tranquilos. Nuestra mente le encanta dos cosas: la tranquilidad e irse de paseo al pasado y al futuro. Le cuesta un follón concentrarse en el ahora, en el presente. Así que no quedará más remedio que tratar de domesticarla y parar para que mire únicamente al ahora, al presente, al aquí, porque es el único tiempo del que disponemos.  Es claramente una cuestión de convencimiento personal: ¿Puedes actuar en el futuro? No. ¿Puedes saber cómo será el futuro? No. ¿Puedes anticiparlo? Tampoco.  En lo que somos especialistas es en preocuparnos por el futuro. 

Pienso en cómo será mi cita de esta tarde o mañana, pienso en cómo será el encuentro que tendré el lunes con mi superior, pienso en cómo será la cena que tengo esta noche, pienso en las preguntas que me pondrán en el examen, pienso lo bien que estaré cuando llegue el puente o las vacaciones… y así mil cosas más. Nos encanta saborear lo que podría pasar en el futuro. Además, no siempre son cosas agradables, sino también en forma de incertidumbre y si no llego a tiempo a la cita, y si en la cena me sientan con alguien que no me cae bien y si me caen preguntas en el examen que no he estudiado y si se chafan las vacaciones. Pero nada de eso sucede. Dicen los que han medido las expectativas que no se cumplen en un 90% y nosotros agobiados con lo que pasará más adelante.  

Como sabemos el pasado también le agrada a nuestra cabeza: lo bien que lo pasamos en tal o cual sitio, hace años si que era feliz pero no me daba cuenta… De modo que nos olvidamos de vivir ahora, en el presente. Así que la única forma posible de encontrar la felicidad es ahora. Eso tenemos que decírnoslo por lo menos cien mil veces al día para ver si nos acostumbramos.  Tendríamos que decirnos todas esas veces: ahora, en este momento decido ser feliz. Aquí y ahora soy feliz. Con todos los problemas que tenemos: con la hipoteca, la situación que no nos deja dormir, con el trabajo que no damos a vio, con el chisme que dicen de nosotros/as, con la falta de likes en las redes sociales, con todo lo que tenemos hemos de aprender a ser felices, porque posponer la felicidad es un error garrafal que únicamente nos hace menos dichosos.  Apúntatelo cien millones de veces al día: aquí y ahora soy feliz.  

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