Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia

Es una cita de Proust que no me dejó indiferente. Queremos que las cosas sean mejores, queremos un mundo mejor, una vida mejor, un país o un pueblo estupendo, pero nada cambia si no cambiamos nosotros/as.  Los grandes cambios empiezan con una modificación personal, con un convencimiento individual que se proyecta en el entorno como una llama que prende y no hay manera de apagar. 

Cambiar de camino ¿Es posible?

Siempre he considerado que los grandes cambios siempre empiezan desde la base, desde el suelo desde lo más sencillo.  Si nos fijamos bien, cuando se produce un cambio desde instancias superiores, suele desembocar en problemas. Una dictadura, por ejemplo, es una muestra de una imposición que no suele sentar bien y que reprime al pueblo.  Una norma que no tiene una buena representación o fuerza social, desemboca en manifestaciones, revueltas y otros problemas.  

Pero centrémonos en lo personal, en lo pequeño, en lo individual, que es lo que nos propone Proust. Si cambio yo ¿todo cambia? Indudablemente, sí. Puesto que si yo cambio, aunque no produzca grandes transformaciones inmediatas, puede ser que, como decía anteriormente, sea capaz de cambiar mi entorno. Pero aunque no soy capaz de hacer una revolución con mi cambio, hay una clave importante, que al cambiar yo, al cambiar tú, nuestro punto de vista cambia, con lo cual ya hay una modificación. Cuando yo cambio, mi perspectiva es otra, por lo tanto ya hay un cambio. 

Pongamos un ejemplo: no estoy de acuerdo en alguna cuestión y discuto, pero bien, con la buena intención de intercambiar puntos de vista, imaginemos que tengo una apertura de visión y mi punto de vista se transforma, porque la otra persona me hace ver otras opciones o por autoconvencimiento, ya hay un cambio, ya no soy igual, ya tengo un punto de vista diferente, con lo cual el cambio es evidente. 

Por tanto, la propuesta, la idea es no cerrarnos, dejar la terquedad, la cerrazón y el cierre de mente. Estemos abiertos/as al cambio, a la escucha, a la transformación, porque la vida es cambio, porque hoy no somos los mismos/as que ayer, porque estamos en movimiento y no hay nada peor que una persona cerrada de molera, que siempre tiene la razón, que no dialoga, que anda ofuscado/a, no es feliz.  Pensemos que los grandes cambios y descubrimientos del mundo se dieron porque alguien se atrevió a abrir su mente, a escuchar, a ver otras opciones a adoptar otros puntos de vista.  

Cambiemos, vivamos, aceptemos nuevos retos, porque la vida cambia con nosotros/as, porque si yo cambio, el mundo cambia conmigo, bien porque contagio a otros/as o porque transforma mi propia vida. 

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