Es una cita de Proust que no me dejó indiferente. Queremos que las cosas sean mejores, queremos un mundo mejor, una vida mejor, un país o un pueblo estupendo, pero nada cambia si no cambiamos nosotros/as. Los grandes cambios empiezan con una modificación personal, con un convencimiento individual que se proyecta en el entorno como una llama que prende y no hay manera de apagar.






