Buscamos el bienestar, no cabe duda. Pero seguramente buscamos en el lugar equivocado. Se habla mucho de la felicidad, de ser felices, de llevar una vida apacible y placentera. Durante esta semana hay dos titulares que han llamado mi atención. Uno de ellos propone que es imposible ser feliz todo el tiempo. En principio me parece acertado aunque, como siempre hay que definir primero que entendemos por felicidad para ver si podemos o no ser felices todo el tiempo. La segunda idea que me ha llamado la atención y, me gusta, es la propuesta sobre el bienestar o vivir feliz, que consiste en aligerar nuestra vida, nuestra mochila, nuestras pertenencias, como forma de ser más felices.

¿No se puede ser feliz todo el tiempo? Depende de lo que entendamos por felicidad. El gran problema de esta afirmación que hay quien entienden la felicidad como un estado permanente de sonrisa colgate o de euforia o de exultación permanente… y eso, claro, sí que no es posible. En nuestra vida tenemos momentos buenos y otros menos buenos. Pero convivir con esos retos y vicisitudes es la clave de nuestra existencia. Quizá por la edad y la madurez, pero desde hace tiempo veo la felicidad como un estado de paz, de sosiego, tranquilidad. Un estado que a veces se sobresalta por un cambio de planes, por una visita inesperada, porque no salen las cosas como teníamos pensado, porque tenemos que adaptarnos a un retraso, a un nuevo plan, a cosas distintas. Bien. Esa es la vida.
Vivir en un estado de euforia permanente no es felicidad, es simplemente una emoción de cuando te alegras enormemente por algo, de cuando tu equipo gana en el último minuto un partido o cuando consigues algo que llevabas tiempo trabajando o te toca la lotería. Pero confundir eso con felicidad y pedir que se instale esa emoción de manera permanente en nosotros/as, es como pedir que un avión o un pájaro esté permanentemente volando. No es posible. Hay que parar, hay turbulencias, lluvias y, precisamente, la manera de lidiar con esas circunstancias, es la que nos proporciona una felicidad más duradera, estable y verdadera.
La otra clave la ligereza. Vivir sin muchos apegos, vivir tranquilamente, con lo que tenemos sin desear grandes ni muchas cosas, es el segundo titular que leí y me resultó interesante. Es atribuido al estoicismo —tan de moda ahora—, con una frase lapidaria “si quieres hacer rico a alguien, no le aumentes sus bienes, sino réstale deseos”. Muy potente, si señor. El mundo, supongo que el antigua y, sobre todo, el actual, a veces condiciona la felicidad, el bienestar a las comodidades que tenemos, a las cosas que nos venden para ser más felices y de lo que ya hemos hablado tantas veces: la televisión de millones de pixel y de 90 pulgadas, el móvil que salió al mercado hace unos meses, la ropa que se usa ahora… Nos condicionan para que tengamos necesidades innecesarias, que nos endeudan y no nos dan felicidad.
Vivir con menos nos hace más felices. Vivir con lo necesario es una verdadera felicidad hoy en día. Vivir despreocupados/as es una maravilla ¿Te atreves?
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