Mejor romper el vaso 

¿Cómo ves el vaso medio lleno o medio vacío? Es una pregunta que pulula para plantearnos si somos optimistas o pesimistas. Trata de analizar en que nos fijamos más si en lo que nos falta o en lo que tenemos. Seguro que has escuchado la frase… así que ¿qué eliges el vaso medio lleno o medio vacío? ¿En qué te fijas en lo que tienes o en lo que te falta? ¿Valoras más lo bueno o lo malo? ¿Cómo es tu mirada y tu pensamiento? Pues lo ideal es tirar el vaso a la basura.  Lo mejor es romper el vaso. 

¿Cómo ves el vaso?

La razón es sencilla. No todo es blanco o negro, lleno o vacío. Hay cientos de matices y de colores.  Vivimos en una sociedad donde hay continuos cambios, situaciones imprevistas, cosas que no conocíamos y apariencia.  De modo que lo que creíamos o pensábamos no siempre es así.  No podemos considerar que las cosas son o no son, sino que hay muchas variantes que influyen para que lo veamos así.  Nuestro estado de humor, el cansancio. No es lo mismo mirar el vaso a las ocho de la mañana con el máximo de energía que mirarlo a las diez de la noche, cuando ya estamos agotados/as. Así que deberíamos abandonar la rigidez mental y estar más abiertos/as a las diferentes posibilidades. 

No significa que andemos cambiando continuamente de opinión, ni de forma de pensar y que todo sea variable, líquido, sino que quizá hay que tener cierta flexibilidad a la hora de mirar las cosas.  Quizá conviene romper el vaso.  La flexibilidad mental, nos invita a entender que no tenemos el monopolio de la verdad y que aprender de otros, aceptar diferentes puntos de vista, no nos hace menos, sino más ricos como seres humanos.

Una buena cosa es practicar la auto-reflexión: cuestionar nuestras creencias y estar dispuestos a aceptar que podemos estar equivocados/as. No todo es lleno o vacío hay cientos o miles de matices, como ya hemos dicho. Otra clave es  la curiosidad. Valorar la diferencia no como amenaza, sino como oportunidad de aprendizaje, como una oportunidad es algo absolutamente maravilloso. Cuestionarlo todo, como cuando éramos bebés y a todo le decíamos ¿por qué? no está nada mal. Ampliar nuestra  zona de confort y buscar experiencias diversas nos ayuda a ejercitar ese músculo de la diversidad y nos da una mente abierta.

La flexibilidad mental nos facilita el manejo de emociones, nos permite escuchar activamente y fortalecer relaciones interpersonales basadas en la empatía y el respeto. También fomenta la creatividad, la resiliencia ante el error y la capacidad de reinventarnos ante cualquier circunstancia. Ser flexibles no significa carecer de valores, sino tener la sabiduría para actualizar nuestras certezas y construir puentes cuando el mundo así lo exige.

Hoy, más que nunca, mantenernos abiertos a aprender, dialogar y cambiar de opinión es un acto de humildad y valentía. Dejemos la rigidez para las estatuas. Nuestra mente merece moverse, crecer y mirar la vida con ojos siempre nuevos. Rompamos el vaso.  

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *