La travesía había sido dura. Durante dos noches y tres días jinete y caballo habían caminado por duros terrenos. Se les había terminado el agua y buscaban el lago que el jinete conocía desde niño con desesperación. Se desviaron de la trayectoria de su camino para localizar el lago, necesitaban agua con premura, el jinete consideraba que el animal necesitaba urgentemente beber agua, tras unos días de sequía. Al cabo de un tiempo, divisaron aquel oasis y apretando levemente el paso. Cuando llegaron al agua el jinete se lanzó de bruces al agua, pero el caballo no bebió. Extrañado atrajo hacia el agua al animal, pero por más que insistió y forzaba al animal, el caballo no bebió, lo hizo más tarde en un arroyo camino arriba.

Con esta fábula quería reflexionar sobre la compañía, lo que consideramos importante cada uno, valorar el caminar juntos, el ir de la mano, pero no el obligar a los demás a que hagan o actúen tal como nosotros pretendemos o como nosotros/as lo haríamos.
Con frecuencia, algunas personas cuando está junto a otras que desarrollan una tarea, pero que no la hace adecuadamente, tendemos a realizarla nosotros. No son pocos los padres o madres que terminan haciendo el trabajo de clase de sus hijos/as. Vemos que alguien se enfrenta a la tarea de manera tosca y, antes que dejar que aquella persona asuma su reto y aprenda de lo que va haciendo, lo apartamos y lo hacemos nosotros.
De ese modo no posibilitamos que la otra persona aprenda. No estamos acompañando de verdad, sino que, en cierto modo estamos supliendo su vida. Es probable que, ante aquella tarea que se desarrolla, quien está a nuestro lado lo hace de manera distinta, a su forma, con sus cualidades y virtudes y no le estamos posibilitando su desarrollo.
Cada cual tiene su mundo, sus concepciones, su forma de ver la vida y no podemos hacer que se conviertan en alguien a nuestra medida y forma de actuar. Es frecuente que en las parejas, una de las partes —generalmente la más dominante—, trate de convertir a la otra persona a sus modos y forma de ver la vida. A sus gustos y aspiraciones, lo que finalmente, acaba siendo un error catastrófico. Hay que dejar que cada cual actúe según sus convicciones, estar atentos si nos piden ayuda, pero nunca obligar a que se actúe de una manera o de otra.
Hemos de dejar que cada cual se enfrente a sus retos y opciones enfrentando su responsabilidad. Es importante acompañar, pero no hacer las tareas de la otra persona. Es importante viajar, pero no podemos ser los ojos de la otra persona. Es bueno llevar el caballo al lago porque creemos que tiene sed, pero no podemos obligarlo a beber.
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