¿Has visto esa pequeña mancha?
-La verdad es que es molesta. La dejaremos, porque es pequeña y no hace falta arreglarlo ahora.
¿Te has fijado en esa mancha?
Puede parecer un chiste, pero no lo es. A veces cosas pequeñas, diminutas, casi imperceptibles, nos hace gastar gran cantidad de energía. Hay quien se obsesiona por una cuestión nimia, diminuta, casi imperceptible. La clave es la atención que le prestamos a esas cosas. Lo que los expertos llaman poner el foco en alguna cosa.

Hay quien puede vivir en el más absoluto desorden, sin problema ninguno; en cambio otras, se obsesionan con el desorden y las cosas que están mal colocadas o fuera de su orden. No se trata, en este caso de reflexionar sobre esos extremos, siempre son malos, sino más bien de valorar las cosas a las que prestamos atención y ver el modo en el que podemos seguir adelante cuando algo nos llama la atención.
Ciertamente, a veces, hay pequeñas cosas que nos descontrolan. Es posible que algo que no funciona bien en casa, porque anda medio estropeado, tal como un electrodoméstico, una cerradura o cualquier cosa, nos da cierta preocupación y viene a nuestra cabeza: “tengo que arreglar aquello o lo otro”, pero lo voy dejando para más adelante. Aunque el procrastinar no está mal, si esa pequeño problema que hay que arreglar o hacer nos asalta en el momento de irnos a dormir o cuando queremos concentrarnos en algo, sí que suele ser un inconveniente, porque empezaremos a rumiar y rumiar, sin darle solución.
La clave, por tanto para que esa mota no nos dé la lata. Es ir y arreglarlo. Ya. A no ser que sea una actividad que no podamos resolver, porque necesitamos un especialista, lo ideal es hacerlo y de esa manera nos quedamos tranquilos/as. Que hay algo que hemos de corregir, limpiar, recoger: hazlo cuanto antes. De ese modo consigues dos cosas: No seguir rumiando porque tenías que haber hecho y lo has dejado y sentirte bien, porque realizas una actividad productiva y de esa manera no te sigues centrando en la “maldita mota”.
No podemos vivir la vida dejando infinidad de asuntos pendientes. Así por tanto, la propuesta es tratar de resolver la mayor cantidad de cosas posibles cada día. Pequeñas o grandes, diminutas o mayores, da igual, no dejes pendiente cosas que querías hacer. De ese modo, cuando te despiertes a las tres de la mañana no te vendrá a la cabeza “aquella mota” que tenías que limpiar y que has dejado pendiente.
Deja una respuesta