La travesía había sido dura. Durante dos noches y tres días jinete y caballo habían caminado por duros terrenos. Se les había terminado el agua y buscaban el lago que el jinete conocía desde niño con desesperación. Se desviaron de la trayectoria de su camino para localizar el lago, necesitaban agua con premura, el jinete consideraba que el animal necesitaba urgentemente beber agua, tras unos días de sequía. Al cabo de un tiempo, divisaron aquel oasis y apretando levemente el paso. Cuando llegaron al agua el jinete se lanzó de bruces al agua, pero el caballo no bebió. Extrañado atrajo hacia el agua al animal, pero por más que insistió y forzaba al animal, el caballo no bebió, lo hizo más tarde en un arroyo camino arriba.


