Etiqueta: sociedad

  • El lado bueno de las cosas

    Aparte del título de una película, la frase tiene bastante miga. Desde el punto de vista optimista o positivo, casi siempre podemos sacar cosas buenas de casi todo. Lo que pasa es que con mucha frecuencia nos quedamos con el lado malo de las cosas. Diría que más que con mucha frecuencia, casi siempre… y voy con otra Vivi encía personal 

    Busquemos algo bueno en todo…
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  • Cuando no ves nada bueno…

    De manera casi involuntaria, supongo, hay personas que no ven nada bueno en los demás. Desconozco los motivos por los que su forma de relacionarse es así pero, cuanto menos, me resulta curiosa. Tampoco me aventuro a afirmar si se trata de un “mal rollo” que pueden tener con otra persona, si es con toda la sociedad en general o si se trata de una fijación personal. Pero, me sorprende. 

    ¿No eres capaz de ver nada bueno?
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  • Del “quiero conseguir” a “quiero ofrecer”

    Primero estoy yo, luego yo y después yo, decía un amigo. No tiene sentido hacer cosas por los demás porque dejas de quererte a ti mismo —continuaba diciendo— Hay que ser un poco egoísta, porque no se puede estar siempre pendiente de todo el mundo, hay que dedicarse tiempo, cuidarse, para estar bien. Si uno no está bien, no puedes estar bien con los demás.  

    ¿Qué puedes ofrecer?
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  • Pedir ayuda nos hace más fuertes, no más débiles

    Si hay algo que caracteriza a nuestra sociedad actual es la independencia e individualismo. Nos envían muchos mensajes del “happy wonderful” que nos dice que “tu puedes”, “primero yo” “hágalo usted mismo” y así consideramos que la autosuficiencia y la independencia ha de ser una de las características fundamentales de la persona. 

    Pedir ayuda nos hace fuertes…
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  • Pero si ya sabemos como ser felices 

    ¿Cuántas veces nos lo tendrán que repetir? Como decía un humorista «cienes y cienes de veces». Lo sabemos, la ciencia nos lo repite. Estudios científicos lo avalan y esta semana más noticias sobre la felicidad y como conseguir. Nuevas propuestas nos dicen como conseguirla. Así que la pregunta es obvia ¿por qué no lo cumplimos?

    ¿Sabemos ser felices?
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  • Un país llamado deseo

    Somos un país deseoso. Tenemos sueños, aspiraciones y metas que hemos de cumplir. Nos hacemos expectativas, planeamos la próxima escapada, las fiestas o la Navidad. Estamos en continuo planeamiento o deseo. Todo eso está muy bien sino fuera porque nos estamos olvidando un poquitito de vivir el presente

    ¿Deseamos?
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  • Una sociedad cansada

     No paramos. No tenemos tiempo ni para respirar ¡Estoy super agobiad/a! Y alguna versión más moderna de este cansancio ¡No me da la vida! ¡Necesito más horas al día! Estoy disponible 24/7 y eso es mucho. ¡No puedo más! Seguramente esas frases nos resultarán familiares. La habremos escuchado en alguna ocasión.  Vamos por la vida bastante cansados, deseando que llegue el fin de semana para cansarnos de ver series o para salir con amigos y cansarnos un  poco más con cualquier otra actividad.  

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  • Ser el mejor 

    ¿Por qué no? Ser el mejor parece que, para algunos, es sinónimo de competitividad, de lucha e, incluso, se soberbia.  Sin embargo, ser el mejor, puede ser una buena meta, siempre que no estemos compitiendo ni envidiando a nadie.  

    Ser el número uno
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  • No pienses la felicidad

     Ya lo sabíamos ¿no? Cuanto más lo piensas,  mas te cuesta. La verdad es que bien visto, parece una extraña paradoja. Cuando más deseamos algo parece como que más se aleja.  Pero no siempre es así, porque si no, nadie lograría sus metas. Por eso que es algo realmente extraño. Por un lado si queremos conseguir algo, pensemos por ejemplo en los deportistas, no paran de visualizar, pensar y prepararse para su objetivo, como forma de lograrlo. Y por otro lado, sucede que por mucho que queramos conseguir la lotería o la felicidad, parece que sólo que pensarlo y desearlo no basta. 

    Cuanto más pensamos en la felicidad, más se nos escapa
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  • Se acabó lo bueno

    Durante esta semana escuché en varias ocasiones esta frase: Se acabó lo bueno. Como ya hemos dicho en otras ocasiones: Se encendió una luz roja al escuchar esa frase ¿Cómo que se acabó lo bueno? —dan ganas de responder— ¿O sea que ahora empieza lo malo? No nos cansamos de repetir que el diálogo que usamos tanto para expresarnos, como para hablarnos a nosotros/as mismos/as es fundamental. Y, en el fondo, lo que estamos afirmando con el se acabó lo bueno es que ahora empieza lo malo. Por tanto, para algunos trabajar es malo, estudiar es malo, volver a las ocupaciones habituales es malo, porque según parece lo único bueno es esta de vacaciones. 

    Tenemos que disfrutar del aora
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