Si hay algo que caracteriza a nuestra sociedad actual es la independencia e individualismo. Nos envían muchos mensajes del “happy wonderful” que nos dice que “tu puedes”, “primero yo” “hágalo usted mismo” y así consideramos que la autosuficiencia y la independencia ha de ser una de las características fundamentales de la persona.

Sin embargo, hay malas noticias. No estamos pensados para vivir independientemente. En nuestro ADN llevamos incrustada la necesidad de compartir, de ayudarnos, de la solidaridad. Desde las más antiguas civilizaciones, las personas se agrupaban para ayudarse y protegerse. Vivían en comunidades para compartir alimentos, para defenderse de ataques animales y otras tribus. Por tanto siempre nos hemos necesitado y seguimos haciéndolo hasta que nuestro ADN cambie a un modelo más individualista y autosuficiente.
Conseguir más, ser más, llegar más lejos, ser el primero/a, depositando todo lo que podemos y queremos llegar a ser en nosotros/as mismos/as. Pero, no somos superhéroes y no lo podemos todo. Fracasamos, no lo sabemos todo, no tenemos toda la información ni todas las herramientas necesarias para solucionarlo todo. Nos necesitamos. Pedir ayuda, colaborar, estar juntos no nos hace vulnerables, sino mejores personas.
Veamos algunas ideas de porqué solicitar la ayuda de los demás nos hace mejores
En primer lugar hemos de saber que somos limitados. Podremos ser buenos en alguna habilidad, pero no en todo. Seguro que conocemos alguna persona que es brillante cantando, como profesor, inteligente pero no saben por donde hay que coger un martillo. Así por tanto, pedimos ayuda. Cuando pedimos ayuda, aprendemos de las experiencias, conocimientos y perspectivas de los demás, lo que nos permite crecer y desarrollarnos de manera más completa.
Desde hace milenios colaboramos. Tal como ya dijimos desde muy antiguo, las personas colaboraban. Esa colaboración fortalece las relaciones. Precisamente algunos estudios sobre la felicidad y longevidad, tienen como denominador común las relaciones entre personas. La colaboración surge de estas interacciones, y las relaciones se enriquecen a medida que reconocemos el valor que otros pueden aportar a nuestras vidas. Además, ofrecer ayuda cuando alguien la necesita también fortalece el lazo emocional entre ambas personas.
Somos más productivos ¿Lo habías pensado? Si tienes que hacerlo todo, resulta que tardas mucho más tiempo. Si pides ayuda, si pides colaboración, seguramente, entre todos/as, las tareas terminarán más rápido de modo que seremos más productivos, teniendo tiempo para otras actividades o seguir creando nuevas ideas o tener más tiempo libre. Además, cuando trabajamos en equipo o recibimos nuevas ideas, encontramos soluciones innovadoras a problemas que parecían insolubles en soledad.
Estaremos más descansados, porque las tareas repartidas entre más personas, hace que nos agotemos más. Si cada cual afronta una parcela del trabajo, no nos cansaremos tanto como si tuviéramos que hacerlo todo nosotros mismos/as. Pedir ayuda no solo aligera nuestra carga de trabajo, sino que también nos permite cuidar de nuestra salud mental. No tenemos que cargar con todas las responsabilidades solos, y aceptar ayuda puede ser un factor clave para evitar el agotamiento, preservando nuestra energía y motivación a largo plazo.
Finalmente la vulnerabilidad es buena. Porque evita que nos creamos que somos superhéroes, nos humaniza. Ayudamos a los demás, somos más solidarios . Ser vulnerables nos conecta con nuestra humanidad y con los demás. Al reconocer que no siempre podemos solos, también damos permiso a otros para hacer lo mismo. Esto fomenta un entorno en el que la vulnerabilidad es vista como un rasgo positivo, necesario para el desarrollo emocional y para construir una sociedad más comprensiva y empática.
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