Aparte del título de una película, la frase tiene bastante miga. Desde el punto de vista optimista o positivo, casi siempre podemos sacar cosas buenas de casi todo. Lo que pasa es que con mucha frecuencia nos quedamos con el lado malo de las cosas. Diría que más que con mucha frecuencia, casi siempre… y voy con otra Vivi encía personal
De manera casi involuntaria, supongo, hay personas que no ven nada bueno en los demás. Desconozco los motivos por los que su forma de relacionarse es así pero, cuanto menos, me resulta curiosa. Tampoco me aventuro a afirmar si se trata de un “mal rollo” que pueden tener con otra persona, si es con toda la sociedad en general o si se trata de una fijación personal. Pero, me sorprende.
Primero estoy yo, luego yo y después yo, decía un amigo. No tiene sentido hacer cosas por los demás porque dejas de quererte a ti mismo —continuaba diciendo— Hay que ser un poco egoísta, porque no se puede estar siempre pendiente de todo el mundo, hay que dedicarse tiempo, cuidarse, para estar bien. Si uno no está bien, no puedes estar bien con los demás.
¿Cuántas veces nos lo tendrán que repetir? Como decía un humorista «cienes y cienes de veces». Lo sabemos, la ciencia nos lo repite. Estudios científicos lo avalan y esta semana más noticias sobre la felicidad y como conseguir. Nuevas propuestas nos dicen como conseguirla. Así que la pregunta es obvia ¿por qué no lo cumplimos?
Somos un país deseoso. Tenemos sueños, aspiraciones y metas que hemos de cumplir. Nos hacemos expectativas, planeamos la próxima escapada, las fiestas o la Navidad. Estamos en continuo planeamiento o deseo. Todo eso está muy bien sino fuera porque nos estamos olvidando un poquitito de vivir el presente.
Ya lo sabíamos ¿no? Cuanto más lo piensas, mas te cuesta. La verdad es que bien visto, parece una extraña paradoja. Cuando más deseamos algo parece como que más se aleja. Pero no siempre es así, porque si no, nadie lograría sus metas. Por eso que es algo realmente extraño. Por un lado si queremos conseguir algo, pensemos por ejemplo en los deportistas, no paran de visualizar, pensar y prepararse para su objetivo, como forma de lograrlo. Y por otro lado, sucede que por mucho que queramos conseguir la lotería o la felicidad, parece que sólo que pensarlo y desearlo no basta.
Cuanto más pensamos en la felicidad, más se nos escapa(más…)
Durante esta semana escuché en varias ocasiones esta frase: Se acabó lo bueno. Como ya hemos dicho en otras ocasiones: Se encendió una luz roja al escuchar esa frase ¿Cómo que se acabó lo bueno? —dan ganas de responder— ¿O sea que ahora empieza lo malo? No nos cansamos de repetir que el diálogo que usamos tanto para expresarnos, como para hablarnos a nosotros/as mismos/as es fundamental. Y, en el fondo, lo que estamos afirmando con el se acabó lo bueno es que ahora empieza lo malo. Por tanto, para algunos trabajar es malo, estudiar es malo, volver a las ocupaciones habituales es malo, porque según parece lo único bueno es esta de vacaciones.
Vale. Si. Todos queremos tener vacaciones, a todos nos gusta este tiempo libre del que estamos disfrutando, pero, como en muchas ocasiones, los estudios y la ciencia nos vienen a decir lo que ya sabemos, estar muy ociosos no es positivo para nuestra vida.
Siempre hemos abogado aquí por el equilibrio, por lo que un estudio de la Universidad de Pennsylvania, nos dice que la mayor satisfacción en la vida con su tiempo libre es para personas que, de media tienen unas dos horas y media de tiempo libre al día, mientras trabajan. Pero ahora muchos estamos de vacaciones y la cantidad óptima de tiempo libre ociosos, sin hacer nada de nada, está entre las cuatro y las cinco horas.
Se habla mucho de la felicidad. Aquí hablamos mucho de felicidad y de bienestar. Con cierta frecuencia —no se si lo han leído en diferentes medios—, se anda difundiendo sobre los ingredientes de la felicidad. Que si el dinero no da la felicidad, que si la felicidad se encuentra aquí o allá. Hábitos para lograr la felicidad, cosas que hacen las personas felices y un sin fin de elementos y argumentos para encontrar la felicidad.
El dicho era las comparaciones son odiosas, pero creo que es interesante, darle una vuelta de tuerca y considerar que las comparaciones nos hacen odiosos a nosotros, a quien compara o a quien se compara con los demás. Desgraciadamente, diariamente nos estamos comparando. Quizá no de una forma consciente, pero sí que de manera inconsciente sí que nos comparamos con todo y con todos. La cuestión será, por tanto, preguntarnos ¿Cómo dejar de compararnos para no ser tan odiosos/as?