Perdemos el norte con mucha facilidad

Esta semana en el ámbito de la felicidad debía ser una semana alegre para el fútbol español. La selección femenina de fútbol se proclamó campeona del mundo. No es fácil clasificarse, nada fácil estar entre las mejores de cada grupo y mucho menos ir pasando eliminatorias hasta llegar a la final y conseguirla.

¿Nos perdemos con facilidad?

Seguí el mundial, me pareció interesante. Es otro fútbol, más limpio, en general con menos faltas y menos pérdidas de tiempo. Me resultó entretenida la competición, viendo muchos de los partidos que retransmitieron en horarios más adecuados… Así que, con ilusión viví ese último partido.

Pero perdemos el norte con facilidad, como decía al principio. El título de las chicas quedó enturbiado por un acontecimiento en la entrega de las medallas de ganadoras a las chicas y por otro gestos de personas que no vienen a cuento.

No es que lo que sucedió no fuera importante, sino que de algún modo, nos quedamos mucho más con lo negativo que con el título. Al final sigue ocupando la información ese acontecimiento una semana después mucho más lo negativo que el gran acontecimiento del primer mundial que gana la selección femenina de fútbol.

No entiendo porque no optamos por la sencillez y la alegría de las cosas y nos complicamos con otras más negativas. En relación a este título también se habla del salario de las chicas, que no es igual que el de los hombres. Se habla de si algunas de las jugadoras destacadas son de piel o de raza… ¿y qué más da? Son españolas, nos representan y eso nos debe alegrar, pero insisto en el título del principio que perdemos el norte con cierta facilidad. Nos quedamos más con lo negativo que con lo positivo.

El problema de perder el norte radica en que acabamos centrándonos en lo negativo, viendo sólo lo malo de las cosas: lo que sucedió en la entrega de trofeos, si cobran más o menos, si las chicas son así o de la otra forma, nos puede parecer una tontería o un buen titular de prensa. Pero si hacemos esa práctica de manera habitual, terminamos volviéndonos más tristes, más negativos, centrados/as y buscando sólo lo malo de las cosas, perdiendo lo bueno de la vida.

Es por eso que debiéramos orientarnos bien, para no perder el norte: Disfrutar de todo lo bueno que nos sucede. No hay que dejar de denunciar situaciones injustas, pero luego seguir viviendo y disfrutando de todo lo bueno y maravilloso que nos trae la vida. De otra forma nos quedaremos siempre con lo negativo y acabaremos perdiendo el norte.

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