Normalmente no nos fijamos en los pequeños detalles. No le damos importancia. Parece que las cosas sencillas o lo pequeño no tienen importancia, cuando sí que debiéramos valorarlo. Probablemente, una buena forma de ser y actuar es fijarnos en los detalles pequeños, sencillos. Ser detallista es precisamente fijarse en lo mínimo, ser meticuloso y delicado. A todos/as nos gustan las personas detallistas, no entendido como aquel que nos abre la puerta del coche al subirnos o que nos cede el asiento —que también—, sino como quien se da cuenta cuando estás un poco regular, cuando ve algo que desentona en el conjunto, cuando le gusta que en la comida que prepara esté todo perfecto hasta el último elemento.










