Pues va a ser que no. La “Buena Vida”, como me gusta llamarla, más que felicidad, no está exenta de problemas. La felicidad no está exenta de problemas. Porque, de verdad, vamos a pensarlo: ¿Te imaginas una vida día tras día en la que todo es maravilloso? ¿Te imaginas una vida todo el día tumbado en una hamaca tomando tu cóctel favorito, siempre, todos los días, día tras día… ? Puede parecer atractivo, pero seguramente, si lo pensamos bien, con el paso del tiempo, nos resultará hiperaburrido. Por tanto, hemos de asumir que no hay un solo color en la vida, sino que hay muchos. No todo es azul o verde . No todo es de color de rosas.

De color dPues va a ser que no. La “Buena Vida”, como me gusta llamarla, más que felicidad, no está exenta de problemas. La felicidad no está exenta de problemas. Porque, de verdad, vamos a pensarlo: ¿Te imaginas una vida día tras día en la que todo es maravilloso? ¿Te imaginas una vida todo el día tumbado en una hamaca tomando tu cóctel favorito, siempre, todos los días, día tras día… ? Puede parecer atractivo, pero seguramente, si lo pensamos bien, con el paso del tiempo, nos resultará hiperaburrido. Por tanto, hemos de asumir que no hay un solo color en la vida, sino que hay muchos. No todo es azul o verde . No todo es de color de rosas.
La vida es bella, desde luego, pero no simple, ni sencilla. Hay momentos mejores y peores, pero debemos aprender a surfear. Me gusta esta idea porque imagino la vida como una playa. Hay momentos de calma, hay momentos de más oleaje. Hay olas muy buenas que nos encantan y también espacios de tranquilidad para nadar y flotar. Así es la cosa. No es plana. No es monótona; tiene sus altos y sus bajos.
Quizá uno de los grandes sufrimientos de las personas es pensar que todo debe estar en calma siempre. Creer que nuestro objetivo es la apacibilidad. Pero es rotunda y totalmente falsa. Usamos una vez más el símil del mar. Lo peor que le puede suceder a un marinero es la calma. Un mar en el que no se mueve nada, en el que no hay viento que empuje sus velas. El marinero también ha de mostrar su experiencia y conocimiento cuando se desencadena una tempestad, y de lo que aprende, mejora su práctica y trabajo en el mar.
La vida no es de color de rosas y quien quiera pensar que así es, se equivoca y seguramente estará bastante desorientado/a. La vida es cambiante, es diferente; ningún día es igual al anterior. Ningún minuto es similar al precedente. Todo cambia, las circunstancias son distintas, las personas son diferentes y, por tanto, no podemos pretender que todo siga igual de tranquilo día tras día. Comprender esto, valorar los cambios, las olas, las calmas, los momentos mejores y peores es un gran aprendizaje en la vida.
La clave está en el equilibrio. En vivir una vida equilibrada. Con momentos mejores y peores. El equilibrio consiste básicamente en no hundirnos en el fondo del pozo cuando las cosas van mal y no subir hasta la luna cuando todo va bien. Se trata de ver que todo pasa, que la vida pasa y que los buenos y malos momentos pasan para dejar espacio a otros que son iguales, mejores o peores. Así de simple. Así de sencillo: la vida es bella, no de rosas; disfrutar de cada instante y vivirlo con entereza es nuestra responsabilidad y decisión. ¿Cómo piensas afrontar tu próxima tempestad? ¿Cómo tu próxima alegría?









