Algo así fue lo poco que escuché de una conversación ¿Qué esperas? A lo que pase, a lo que ocurra, a lo que venga. Son de las cosas que te marcan según las escuchas y te quedas rumiando ¿Qué estás esperando? Lo que ha de venir, fue una respuesta interesante, ¡lo que sea! Cualquier cosa. No espero nada en especial, así de simple. Algo que pareció en un principio como una respuesta cortante y negativa, se convirtió en una propuesta maravillosa.

Nos pasamos la vida esperando cosas, ya lo hemos hablado en innumerables ocasiones: que sí el fin de semana, ahora con el verano, las vacaciones, el viaje, la paga extra… y así se nos va la vida esperando cosas. Podríamos decir que somos personas en espera, en una estación por la que pasan cosas sin disfrutarlas mucho o sin apreciar mucho lo que sucede, sin subirnos a ningún transporte de verdad, porque en cuanto empezamos un trayecto nos aburre y comenzamos a planear otro, porque a veces nos quedamos en la indecisión de no saber cuál es la mejor ruta y nos quedamos siempre en “stand by”.
Esperar lo que ha de venir es algo maravilloso. Implica estar dispuestos/as a cualquier cosa, que somos capaces de aceptar la vida, lo que nos propone, lo que nos traiga, que no queremos un fin de semana maravilloso, sino que todos los días son estupendos, que no deseo terminar de una vez con lo que estoy haciendo para empezar con otra cosa, que al poco tiempo me aburrirá. Esperar lo que ha de venir es estar abierto al futuro, no cerrado a ningún plan, a ninguna idea. Es vivir con los ojos abiertos y la mente dispuesta a que suceda lo que ha de venir.
Cuando no esperamos lo que ha de venir, no disfrutamos de la vida. Cuando no esperamos lo que ha de venir, nos frustramos con facilidad porque no llega aquello que esperamos o, al menos, no aparece del modo que esperábamos. Cuando no esperamos nada específico, nuestras expectativas bajan a lo que tenga que ser, a que ocurra cualquier cosa, porque lo aceptaremos igualmente. Reducir las expectativas nos hace más felices, porque no nos decepcionan ni nos decepcionamos. Por eso esa respuesta tan simple “lo que ha de venir” me dio mucho juego y mucho que pensar. Y tú ¿a qué esperas?









