¡Casi nada con los copilotos! En algunos casos son buena gente, van a nuestro lado tranquilos/as disfrutando del paisaje, hablando de alguna cosa interesante, compartiendo sensaciones, tiempo, alegrías, preocupaciones. Pero, en cambio, hay otros copilotos que nos dan ganas de lanzarlos fuera. Hay casos en los que probablemente nos gustaría que el sillón de al lado fuera eyectable, como el de los aviones, y apretar un botón y lanzarlos fuera. Es aquel que nos va diciendo continuamente: ¡cuidado!, ¡mira ese que se mete!, ¡frena!, ¡ya puedes!, ¡ahora no!, y, si lo dejas, apenas pones el intermitente para aparcar, se baja del coche para avisarte, aunque tengas sensores, cámaras y aparcamiento automático. ¡Madre mía, qué sufrimiento!









