Aligera la mochila

Normalmente llevamos mucha carga en nuestra mochila. Cada cierto tiempo me pongo a mirar en mi mochila de trabajo a ver si puedo quitar algo. Aunque sea simplemente unos cuantos papeles de mas, busco la manera de quitarlos para aliviar algo de peso. Llevo la mochila a cuesta gran parte de la jornada laboral, como si fuera una joroba y siempre trato de buscar que sea lo más ligera posible.

Hay que aligerar la carga

Seguramente en nuestra vida nos pasa lo mismo. Llevamos más cosas de las necesarias en nuestra mochila personal. Algunas son fáciles de quitar, como unos cuantos papeles de la mochila normal y otras no son tan fáciles de dejar aparcadas o tirar a la basura. Vamos a tratar de hacer una lista de cosas que no debiéramos cargar:

La primera y fundamental y que de ella saldrán otras muchas cosas, es aquellas cosas que no podemos solucionar. Hay cosas que están en nuestra mano y otras que no. Hay cosas que dependen de nosotros/as y otras que no podemos hacer nada. Si hace calor este fin de semana, poco puedo hacer y mucho menos enfadarme por esa situación. Recuerda para ello la oración de la serenidad: “Dios concédeme la serenidad para aceptar cosas que no se pueden cambiar; Concédeme valor para cambiar cosas que se deben cambiar; Y la sabiduría para distinguir las unas de las otras.

Los dos lugares en los que nunca estamos y que nos agobian constantemente. Esos son el pasado y el futuro. A veces metemos en la mochila preocupación por qué pasará cuando… como será… Lo mismo ocurre con el pasado, y los terribles si hubiera… dicho, si hubiera hecho… y tantos otros. Son dos momentos en los que nunca estamos y que nos agobian constantemente. Mejor tira esos momentos a la basura y céntrate en el único lugar en el que puedes hacer algo: el ahora, este preciso instante.

Otra cosa que debiéramos quedar de nuestras mochilas y que a veces pesan demasiado son las opiniones de los demás. No todas las opiniones merecen nuestra atención o preocupación. Es importante valorar las opiniones de aquellos que nos importan y nos conocen, pero no es necesario preocuparse por las opiniones de personas que no conocemos o que no nos conocen bien, especialmente, por ejemplo en las redes sociales.

Y por último, para no cargarnos con demasiadas cosas… Es algo de lo que hablamos hace unos días: las comparaciones. El tratar de tener lo mismo que otros, el imitar a otras personas. Recuerda que las imitaciones siempre son odiosas. Recuerda que cada persona es única y tiene su propio camino en la vida. Preocuparse por compararse constantemente con los demás puede socavar la autoestima y generar sentimientos de insatisfacción. En lugar de compararse con los demás, es mejor enfocarse en uno mismo.

Así que apunta esas cosas para quitar de tu mochila: Quita aquello que no puedes solucionar, lo que no está en tus manos, aprende a decir, hice lo que pude, llegue hasta donde me fue posible… Quita también el pasado y el futuro, céntrate sólo en el momento presente, es el único en el que puedes actuar. Tira al cubo de la basura a las opiniones de los demás, sobre todo aquellas dañinas o de personas que no te quieren bien ni te conocen… y no te compares: eres único o única y maravillosa.

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