Casi siempre nos trazamos metas y hacemos planes. Es absolutamente normal plantear lo que vamos a hacer: una salida, lo que haremos mañana, quedar con alguien, son cosas que necesitan cierta planificación y por eso, las preparamos. Sin embargo, esa previsión no siempre es buena. La razón es sencilla porque de tanto planificar, preparar, ver, valorar, nos olvidamos de dónde estamos. Es por eso que no importa el lugar al que vayas, sea donde sea, hay que disfrutar del camino.

¿Qué más da el objetivo si no has sido o no eres feliz? Me cuesta bastante, por ejemplo, comprender el sufrimiento de un deportista (no hablo de profesionales o deportistas de élite) que va corriendo por la calle, con una cara de sufrimiento que no puede con ella. No compiten, no ganarán nada, pero se les nota mala cara, como sufriendo. A lo mejor el objetivo es bajar esos kilos de más o completar un número de kilómetros, pero ¿tiene sentido pasarlo mal de esa manera? A eso me refiero cuando afirmo: no importa dónde vayas, estás aquí. Este es el único momento posible y si lo estoy pasando mal, ¿qué sentido tiene? ¿Para qué hago deporte si lo estoy pasando mal? ¡Disfruta de lo que haces, sé feliz!
Si escribir estas líneas no fuera agradable, si no disfrutara con lo que hago, si fuera una obligación, seguramente no lo haría. Practico deporte habitualmente y, si fuera una carga, desde luego que no saldría a ejercitarme cada mañana. Estoy bastante de acuerdo con la frase «La vida es aquello que pasa mientras hacemos otras cosas» de John Lennon. Hoy, además, tiene mucha más vigencia con el despiste al que estamos sometidos con tantos estímulos y con mucha falta de concentración.
Es fácil decir vive el momento, disfruta del presente, no importa dónde vayas, ya estás aquí… pero es muy difícil llevarlo a cabo. Es tan difícil, como cualquier otra actividad que queramos hacer: aprender a cocinar, tocar un instrumento, cantar, ponerse en forma o hacer ejercicio, porque requiere práctica. Hay dos claves para regresar al momento presente, para vivir aquí y ahora. La primera: el deseo, es decir, quererlo. A partir de aquí debería aparecer la disciplina para buscar momentos en el día para actividades que nos hagan estar presentes, estar aquí. Y esta es la segunda clave: Desarrolla actividades que te obliguen a estar sólo en eso. Piensa en alguna y llévala a cabo: leer, por ejemplo, algún hobby como hacer puzzles, tocar un instrumento, escribir un diario. Pon esos ingredientes a lo largo del día. Busca momentos como estos para estar aquí y no ir a ninguna parte. Con el tiempo este pequeño hábito formará parte de tu vida y ya no importará dónde estés, porque estás aquí, disfrutando plenamente de la vida.
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