Parece que es una moda últimamente buscar entre los filósofos o la filosofía claves sobre la felicidad. No sé si es una moda o no, pero desde luego, si no fue o no es una preocupación por la filosofía el bienestar humano, pues, debería serlo. Entiendo la filosofía como el conjunto de saberes que busca establecer los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano. Probablemente, el sentido del obrar humano y la propia reflexión de la persona deberían estar encaminados a desarrollarse de la mejor manera posible o lograr su máxima expresión y esa debe ser la felicidad en su sentido amplio. Todo esto porque ahora es el turno de Immanuel Kant a quien se le atribuye el título de este post: «Tenemos el deber de ser felices».

Según Kant en la ‘Crítica de la razón práctica’ afirmaba que «todo ser racional tiene la felicidad como objeto necesario de su deseo». Totalmente de acuerdo. Pensar lo contrario es un disparate. La clave está, como siempre, en la definición que cada cual hace de la felicidad. Como ya hemos dicho en otras ocasiones, el gran problema de la felicidad es que no nos ponemos de acuerdo sobre lo que significa para cada cual. Mientras para unos, la felicidad está en salir de fiesta cada fin de semana, para otros la felicidad está en contemplar cada fin de semana una bonita puesta de sol.
Por tanto, la idea será ir pensando en disfrutar de aquellas cosas que nos hacen felices, sean de la manera que sea. Es probable que algunas personas juzguen como inadecuada hallar la felicidad en salir de fiesta o en acudir a alguna celebración o encuentro de amigos. Mientras que para otros estará en practicar algún deporte o dar un paseo por la naturaleza. La felicidad no es igual para todos y eso, debiéramos respetarlo.
Dándole una vuelta a la idea de Kant, se me viene a la cabeza que el concepto de felicidad es variable. Según vamos madurando y envejeciendo, nuestra definición y expectativas sobre la felicidad van cambiando. No podemos comparar la idea de felicidad que tiene un adolescente con la de una persona de mediana edad o de una en la etapa final de su vida. Seguramente este será uno de los motivos por el que no nos ponemos de acuerdo con la definición de felicidad, porque también va cambiando junto con la persona. Precisamente en esto estamos de acuerdo con el bueno de Inmanuel. Él afirma que la felicidad es diferente para cada persona -Kant asegura que la felicidad es un ideal «no de la razón, sino de la imaginación».
Habrá quien diga que la felicidad no debe cambiar nunca, que debe ser una idea generalizada e igual para todos en todo momento, pero precisamente por eso la felicidad es tan controvertida. Por eso en alguna ocasión le ponemos muchas comillas y muchas pinzas al ranking de lugares más felices del mundo, precisamente por esa definición de felicidad. Si entendemos felicidad como niveles de sanidad, riqueza, educación… pues sí que será fácil hacer un ranking, tal como se elabora, pero que poco tiene que ver con la felicidad personal.
Con todo, para no divagar demasiado, sí que tenemos el deber de ser felices. Tenemos el deber de buscar nuestro mayor bienestar, la mejor versión de nosotros mismos/as como forma de vida, poniéndolo donde queramos en aquello que nos complace o en nuestra imaginación. Aunque tu felicidad no sea la misma que la mía, aunque no te guste mi felicidad, aunque no te complazca mi felicidad y la tuya son las mejores, cada una en la imaginación de cada cual y disfrutándola mucho. Sé feliz a tu manera.
Deja una respuesta