Consideramos absolutamente normal enfadarnos por cosas que suceden en nuestro día a día. Somos humanos y no podemos evitar que una situación injusta nos moleste y nos enfade. «es que me saca de mis casillas», «es que no lo puedo evitar» En alguna ocasión, además, normalizamos los ataques de ira. «Es normal después de lo que le hicieron» o ·está justificada la venganza, por todo lo que tuvo que soportar» Y así podríamos añadir una lista de justificaciones para nuestros enfados que, algunos/as consideran absolutamente normal.

Sin embargo, escuché esta frase que, como en otras ocasiones, no me dejó indiferente. Lo que te enfada te controla. Es más, si una persona o alguna situación te saca habitualmente de tus casillas, esa situación te controla a ti. Aunque digas que puedes regular tu ira o puedes decidir si te enfadas o no, lo que está claro es que si hay algo que te enfada de manera más o menos continua, si hay una situación que, con frecuencia nos irrita, nos molesta, al final, de algún modo estamos cayendo en sus garras y es la situación la que nos controla a nosotros
El enemigo no está fuera de nosotros, sino dentro de nosotros. Por eso, tenemos que ser capaces de controlar situaciones «normales». Es decir, no hay que ponerse como un energúmeno/a porque te hagan una mala maniobra en el tráfico o porque se nos cuelen para pagar en la caja del supermercado. Está mal, desde luego, pero si nos saca de nuestras casillas y nos ponemos a gritar o hacer cualquier otra cosa desproporcionada, no cabe duda que estamos perdiendo los papeles y la situación es la que nos controla a nosotros. O, si se prefiere, estamos perdiendo el control.
Hay quien dice que la ira es adictiva. Cuánto más nos enfadamos, más nos enfadamos y así terminamos en un estado de ira permanente. Nos enfadamos en el tráfico, luego porque no encontramos aparcamiento, luego porque no salen las cosas como queríamos, así nos enfadamos en el trabajo y le gritamos a todo el que se nos pone delante. Más tarde en la cafetería le damos cuatro improperios al camarero, unos cuantos cortes de manga para regresar a casa y abroncar hasta el perro que nada nos ha hecho el pobre. La clave es que cuando estamos en un estado de enfado, no sólo nos controla, sino que además nos pasamos el día en ese estado alterado.
Alguien te dice algo inapropiado por la calle, te insulta o te dice algo que no te gusta. Esa persona suelta esa «burrada» en unos segundos, pero nosotros/as nos pasamos el día dándole vueltas ¿por qué me dijo eso? ¿Qué le habré hecho? ¿por qué me trata así? ¡No hay derecho! Total que por lo que alguien te dice en unos segundo, nos afecta a todo nuestro día. Es por eso, que aquello que nos molesta, que nos da rabia, que causa ira, nos controla.
Vamos con las soluciones, que es lo que nos interesa en este espacio ¿Cómo impedir que la ira y la rabia nos controle y nos haga sentir mal?
El mejor remedio es el Tiempo. Respirar, contar, esperar. La reacción inmediata es lo peor que podemos hacer. Generalmente somos capaces de darnos cuenta cuando está comenzando el ataque de ira, notamos algo en nuestro interior que nos va caldeando, nos va calentando y explotando. Pues justo antes de ese momento. En general no solemos explotar de repente, normalmente nos vamos calentando.
Otra clave que me funciona es relativizar. No dar importancia, aunque no sea justo, si pienso: «seguro que tiene un mal día», «tendrá un montón de problemas y por eso me dijo…» Si yo no le doy importancia seguro que no me afecta y así volvemos al título: aquello a lo que prestamos atención es lo que nos controla. ¿vas a dejar que te controle?
Deja una respuesta