Ser feliz a pesar de…

Podemos poner en los puntos suspensivos cualquier cosa. Lo que queramos, todo aquello que nos imposibilita la felicidad o que nos hace un poco —o un mucho— infelices. Los problemas, esa relación complicada, el trabajo, el estrés, los políticos corruptos, el desempleo, la falta de recursos, el no llegar a fin de mes, el no poder cumplir con todos los compromisos y no poder llegar a todo, esa relación tortuosa, el pasado terrible o el futuro incierto.  La cuestión es tratar de ser felices a pesar, o mejor dicho, con todos esos ingredientes. Cosa que no es fácil ni muchísimo menos. Pero si nos pasamos la vida esperando a que cambie en esa relación, a que tenga más recursos, a que encuentre un trabajo, a que tenga todo aquello que anhelamos, seguramente, no seremos nunca felices, cosa que, me da la sensación, ocurre con mucha frecuencia. 

Ser feliz con lo que tenemos…

Nos pasamos la vida esperando que nuestro bienestar se produzca cuando superemos algunas limitaciones y frustraciones o cuando la vida nos sonría o cuando se cumplan determinadas circunstancias, cosa que nunca va a suceder, porque siempre habrá algo mejor, siempre habrá algo que nos falta. Es por eso que el truco será aprender a vivir con todo ello, como propongo en el título, ser feliz a pesar de… o con todas las circunstancias buenas y malas que nos ofrece la vida.  

Una idea estoica: Céntrate en lo que puedes controlar. Puede que no seamos felices porque creíamos que nuestra pareja era de una forma y es de otra, cosa que no podemos cambiar.  Puede que nos reste felicidad la situación del mundo, la política, lo que vemos en los noticiarios. Puede que planeemos una salida a un lugar y el mal tiempo lo impida. ¿Pero está en tu mano cambiar alguna de esas situaciones? No. Evidentemente no. ¿Entonces para qué sufres por eso? Céntrate entonces, en lo que sí puedes cambiar. ¿Quieres un mejor futuro? Ponte a trabajar en ello, fórmate, prepárate, estudia. ¿No te gusta la pareja o las personas con las que te rodeas? ¡Busca otras! Va a ser imposible cambiar a otras personas. No puedes cambiar algo que no seas tú. Por tanto, no pierdas el tiempo en sufrimientos ni historias que no estén. Bajo tu control, que no puedas modificar con tus acciones o tus pensamientos.  Y para llegar a este punto sólo hace falta una sencilla pregunta: ¿Esto lo puedo arreglar yo? ¿Es cosa mía? Si la respuesta es no, estás perdiendo el tiempo y tu felicidad en pensamientos y cosas inútiles. 

Una buena actitud, a pesar de o en convivencia con todo lo que nos ocurre, es algo absolutamente maravilloso y lo que da un verdadero sentido a la vida. Es probable que esta forma de pensar y actuar es lo que posibilita algo que a muchos nos asombra: ¿Cómo es posible que personas que viven en lugares sin recursos o zonas deprimidas sean felices? Seguramente porque son felices a pesar de… o con todo lo que tienen: bueno y malo. 

La resiliencia, la capacidad de adaptarse a la adversidad, es clave. No podemos esperar a que el mar esté en calma para poder navegar. No tiene sentido considerar que la felicidad llegará cuando… Precisamente se han publicado en estos días muchos artículos en los que se habla sobre la época en la que solemos ser menos felices y que dicen los expertos que anda en torno a la década de los cuarenta de cada persona.  Eso se debe a que es el momento en el que algunas de las cosas que pensábamos para nuestra vida no se van a materializar. Puede que no tengamos la casa de ensueño, la ocupación en la que ganamos mucho y trabajamos poco. Entonces, obviamente, nos frustramos. Entonces es el momento de plantearnos que podemos y debemos ser felices con nuestras circunstancias. Cambiando lo que está en nuestra mano y olvidándonos de aquellas cosas que no podemos, ni están en nuestra mano cambiar.

La felicidad o el vivir bien como aceptación.  Pero no una aceptación negativa, inmovilista, de resignación. Insisto, se trata más bien de saber diferenciar aquellas cosas que están en nuestra mano y cambiarlas para ser felices y borrar, deshacernos, olvidarnos de lo que no podemos cambiar porque no está en nuestra mano

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